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| La Guerra del Pacífico ; Los Héroes Olvidados www.laguerradelpacifico.cl Por Mauricio Pelayo González |
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Don Julián Araya Cancino Veterano de la Guerra del Pacífico Por Reinaldo Leiva Sillard
Allá, por los lejanos años de mi niñez, soliamos ver y conversar on el respetado vecino don Julián Araya Cancino, Veterano de a Guerra del Pacífico de 1879. Lo hacíamos con el pecho henchido de fervor patriótico, ya que en aquellos años, en las escuelas fiscales, nuestros buenos maestros nos enseñaban por qué este pueblo descendiente del bravo araucano había luchado por su independencia y, un 18 de septiembre de 1810, formado la primera junta de gobierno, presidida por don Mateo de Toro y Zambrano y conformada por Gaspar Marín y otros. Era profundo el estudio de cuando hombres como Bernardo O'Higgins, José de San Martín, los hermanos Carrera, Manuel Rodríguez y otros, consolidaron nuestra independencia en 1818. También nos hablaban de Manuel Bulnes y la primera confrontación con la confederación Perú - Boliviana, hasta llegar a 1879, año de la Guerra del Pacífico, con guerreros infantes de la altura de Manuel Baquedano y Patricio Lynch; marinos como el capitán Arturo Prat Chacón, Carlos Condell, el teniente Serrano y el sargento don Juan de Dios Aldea, que se llenaron de Gloria, en aras de la Patria, el 21 de Mayo en la rada de Iquique. Don Julián Araya (a quien cariñosamente apodábamos "el viejito Araya") generalmente actuaba en los actos patrióticos oficiales en la Plaza de Armas de nuestra ciudad, izando la bandera en el mástil con todas las condecoraciones que obtuviera en las batallas de la Guerra del Pacífico. Conversamos muchas veces. Con humildad pero con mucho orgullo, nos hablaba de las batallas de Pisagua, Tacna, Arica, Chorrillos y Miraflores, donde había combatido, recordando con alegría la entrada triunfal a Lima. Pero su historia no concluía ahí. Nos decía que en la gloriosa expedición a la sierra peruana pasaron muchas penurias. No tenían ropa ni comida y estaban olvidados por las autoridades. Había conocido personalmente a don Ignacio Carrera Pinto y Luis Cruz Martínez, que en ese tiempo era un jóven de 15 a 17 años. En él veíamos un personaje histórico en vivo y en directo, como se dice en la actualidad. Nosotros, los estudiantes, nos identificábamos con esos niños mártires, ya que en las escuelas fiscales nos obligaban a aprender de memoria la poesía "Al pié de la Bandera", de Víctor Domingo Silva, el laureado poeta chileno que en una de sus estrofas decía: "...qué muchacho de la gresca malamente disfrazado de soldado no ha jurado convertirse en héroe patrio y defensor de su bandera hasta el último jirón" Sin embargo, como siempre acontece, el viejito Araya llegó al fin de sus días y así lo despidió "La Prensa Austral" en su edición del 20 de Enero de 1947: "El Sábado 18 de enero de 1947, a las 18.00 horas dejó de existir, a la edad de 94 años, el respetado vecino don Julián Araya Cancino, Veterano de la Guerra de 1879. El señor Araya tomó parte en las campañas de Pisagua, Tacna y Arica, Chorrillos y Miraflores; igualmente tomó parte en la gloriosa entrada a Lima y en la gloriosa expedición a la sierra. Sirvió además en el Regimiento Pisagua N° 3 de Línea y fue licenciado con el grado de Cabo 1°. Se radicó en nuestra ciudad hace años, dedicándose a diversas actividades. Era elúltimo de aquellos hombres que labraron glorias para nuestra patria de los que residían en Punta Arenas. Sus funerales se efectuarán el día 20, a las 17:40 horas, con los honores militares de ordenanza, partiendo el cortejo de la calle Nogueira 1740." El suscrito siempre creyó que don Julián había sido sepultado en el Mausoleo que tienen los Veteranos del 79; pero al preguntar en el,Cementerio Municipal, me respondieron que los restos se encontraban en la sepultura familiar que está ubicada en "sepultura personal N° 59, línea uni, cuartel 9 sur". Al llegar hasta allí pude comprobar que la lápida que rezaba: Carmen Rodríguez Q.E.P.D. 22.05.1939 Rdo. de Julián Araya. El querido viejito Araya no tiene, como los batallones olvidados de la sierra, una lápida a su nombre. Solamente participa la muerte de su querida compañera. Y ya no ocurre como antaño, cuando el 18, la figura de don Julián nos emocionaba desfilando en la Plaza de Armas con la bandera tricolor. Él ya no está, y lo que es más grave, nadie, absolutamente nadie, se acerca a dejarle una flor o un simple recuerdo. Costaría muy poco que algunos uniformados llegaran hasta su tumba para brindarle siquiera una vez al año su merecido homenaje. Es el pago de Chile.
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