La Guerra del Pacífico ; Los Héroes Olvidados             www.laguerradelpacifico.cl                                                                                                                             Por Mauricio Pelayo González
 







 

Héroes y Biografías

Chile

 

 

 

Capitán Rafael 2º Torreblanca Doralea

  

El Capitán del Regimiento Atacama, más conocido como el Soldado Poeta escribió sus versos con la espada en las más épicas y gloriosas páginas de la Historia de la Guerra del Pacífico.

Nace en la Ciudad de Copiapó el 6 de marzo de 1854. Sus padres fueron don Rafael Torreblanca y doña María Doralea.

Creció en esa ciudad que dio tantos valientes soldados al país, siendo un avanzado estudiante, al cual la situación económica de su padre le impidió seguir con los estudios superiores.

Su espíritu aventurero  y soñador lo llevó a buscar fortuna al interior de la región de Atacama algún yacimiento de minerales que le dieran esperanzas para su futuro. No tuvo suerte en su búsqueda este chileno valiente e idealista, y en 1873 decide embarcarse rumbo a Cuba con la intención de participar en la Independencia de aquel país del Caribe, destino al que jamás llegó, pues su futuro le deparaba acciones más patrióticas y gloriosas por su propio país.

Rumbo a la isla, decide desembarcar en la ciudad de Lima, donde su hermano mayor Zacarías era docente del Colegio Ingles, siendo convencido por este de quedarse trabajando en el mismo establecimiento como profesor de Matemáticas, Física y Química, ramos que dominaba en forma brillante.

El sueldo era poco y su intención era juntar el dinero lo más pronto posible para volver a su amada patria.

El destino le dio una oportunidad al postular a un peritaje de contabilidad convocado por la Casa Deyfus de Lima, y gracias a sus excelentes conocimientos y capacidades gana el primer premio, recibiendo un suculento premio que le permitiría mirar de mejor forma el futuro.

El destino les hizo volver a Chile debido a la enfermedad de su madre, entregándole el último adiós.

De vuelta en su amada región y con mayores recursos, nuevamente se inserta en la cordillera en busca de yacimientos, con bastante suerte hasta que a comienzos de 1879 la amenaza de guerra cubría a Chile.

A Rafael Torreblanca no le importó dejar sus valiosos descubrimientos de lado para acudir al llamado de su patria para incorporarse al Regimiento Atacama, donde por su capacidad fue ingresado como subteniente en la 2º Compañía.

Al empezar la guerra parte a Caldera para encargarse de la fortificación del puerto.

Pero no todo era fácil, Torreblanca dejaba en su ciudad a su gran amada, su novia Clementina, la cual entendió que Rafael debía recurrir al llamado de su patria. La despedida del oficial fueron unos versos que quedarían para la posteridad:

 "Cuando suene el clarín de la batalla,

bastará, Clementina, tu memoria,

para lanzarme en pos de la victoria

con altivo y osado corazón.

Y si el plomo enemigo me derriba,

Tu nombre sólo, fúlgido lucero,

Brotará de los labios del guerrero

Como el postrero, y eternal adiós."

En Caldera todos estos valientes atacameños, con fuerza y constancia, gracias a los duros ejercicios de entrenamiento de combate, comenzaron a forjar a este mítico grupo de hombres, artífices de grandes glorias para Chile.

Ya era hora para entrar en acción. El Atacama parte hacia Antofagasta para aprestarse al desembarco y Toma de Piragua, donde Rafael y sus hombres comenzarían a escribir con sangre las glorias en la historia.

En víspera de aquel ataque, el que sería su bautizo en la guerra, el Soldado Poeta dejaría constancia e su sentir en los siguientes versos:

"En Campaña, soldado y no poeta,

mi lira es hoy un refulgente acero, y mi música el toque de corneta

que a cumplir su deber llama al guerrero.

No tengo ya esas notas que arrancaban

El sentimiento al corazón ardiente,

Y en amorosos cánticos llevaban

Tiernos tributos de pasión ferviente.

El amor, ¡ay!, si en mi alma se atesora,

Es aquel que la Patria a mi me inspira

El deseo de verla triunfadora,

De verla libre y que al progreso aspira"

El día 2 de Noviembre de 1879, era la prueba de fuego para Torreblanca y sus hombres, y bajo una lluvia de balas mostraron al mundo entero de que están hechos los soldados chilenos. El mismo Subteniente Torreblanca en carta a su hermano relata este hecho:

"Instantes después saltaba a mi vez en tierra, nada avanzábamos con quedarnos ahí. Gritando ¡A la Carga! Me lancé entonces, espada en mano sobre esa primera trinchera, arrastrando en pos mía sesenta soldados, los enemigos abandonaron el puesto sin que pudiéramos ponerlos al alcance del brazo.

El cerro era meloso, así que llegamos ahí extenuados de fatiga. Después de algunos minutos de descanso y de fuego, asalté la primera línea del ferrocarril. Como en todas partes los bolivianos no nos esperaron.

Esta tirada fue más larga que la anterior y solo me acompañaron dieciocho o veinte soldados.

Aguardé un cuarto de hora que se me reunieran más soldados, aguantando y contestando el fuego que nos hacían los soldados aliados desde la carretera, distantes 30 metros sobre nuestras cabezas"

La historia nos dice que Torreblanca fue el primero en llegar a la cumbre y hacer flamear la hermosa Tricolor chilena, el no dice nada al respecto.

Al llegar al Alto Hospicio, Torreblanca mandó colocar en un poste la enseña patria, para atestiguar así la victoria total a las 14:00 horas.

Habían pasado su prueba de fuego con máxima nota y Torreblanca mostraba su heroísmo y patriotismo a toda prueba.

Días depuse, el día 19 de noviembre de 1879 la patria presenciará una nueva muestra de valor, patriotismo y heroísmo de Torreblanca y sus hombres. Su misión era proteger la Artillería en el cerro San Francisco, trabajo que a fuerza de sangre y heroísmo costaría la vida de 35 valientes atacameños.

Dos veces el enemigo fue rechazado, y en la tercera intentona, los valientes mineros atacaron a la bayoneta, produciéndose la fuga definitiva de la tropa aliada.

Como dijimos anteriormente 35 atacameños sellaron con sus vidas el triunfo de sus armas. Tres de ellos eran los que juntos a Torreblanca y Arce componían el selecto grupo de "Los Hermanos del Atacama", compuesto por amigos de Copiapó que juntos se enrolaron para entregar por Chile sus vidas si fuese necesario, con la promesa de compartir la misma suerte en la guerra: "Si muere uno, que mueran todos."

Los primeros en caer del grupo fueron el Capitán Ramón Vallejos y los subtenientes Vicente Blanco y Andrés Wilson.

Este hecho hizo renacer las palabras del Soldado Poeta dedicando el último epitafio en la tumba de sus amigos.

"En una tosca cruz que colocamos sobre su tumba escribí con lápiz lo siguiente:

Cayeron entre el humo del combate

Victimas del deber y del honor

¡Denodados y heroicos compañeros!

¡Valientes del Atacama! ¡Adiós, Adiós!

Le contaba a su hermano en una de sus cartas.

Por su bravura luego de la Batalla de Dolores, es ascendido a Teniente, con dicho grado participaría heroicamente en el Combate de los Ángeles. En dicha acción su jefe, el Teniente Coronel Juan Martínez decía de nuestro héroe:

"Recomiendo particularmente al Teniente Torreblanca, quien en las tres acciones de guerra que ha tenido la gloria de tomar parte el Batallón, se ha distinguido por su valor y buenos acuerdos. En esta virtud me tomo la libertad de pedir el inmediato ascenso de este oficial para Capitán del Cuerpo."

Enfermo por la picada de mosquitos, parte junto a sus hombres rumbo al Campo de la Alianza, donde daría su última batalla antes de llenarse de Gloria.

Al amanecer el 26 de mayo de 1880, el Capitán Torreblanca, junto al otro juramentado, Moisés Arce, se lanzan al frente de sus hombres en la hora de mayor refriega, encontrando entre las armas de los enemigos la inmortalidad, cayendo en medio de las filas enemigas como solo caen los héroes acribillados de balas y bayonetazos.

A los 26 años se cumplía uno de sus más hermosos versos escritos antes de partir:

"Voy a buscar en medio de la Guerra

entre el humo sangriento del combate

una bala piadosa que me mate

o un rayo de luz para mi sien"