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| La Guerra del Pacífico ; Los Héroes Olvidados www.laguerradelpacifico.cl Por Mauricio Pelayo González |
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Partes de Guerra de la Batalla de Huamachuco
Parte del Coronel Alejandro Gorostiaga
Comandancia en Jefe de la División de Operaciones
en el Norte del Perú
Huamachuco, Julio 12 de 1883
Señor General en Jefe del
Ejercito:
En cumplimiento de las
instrucciones que VS.. se
sirvió impartirme para que con las fuerzas de mi mando marchase al sur
y batiese las montoneras del coronel Recabarren,
avance de Huamachuco al Sur hasta
Corongo con 900 hombres disponibles de las tres
armas y cuatro piezas de artillería, dispuesto a
pasar por Huaylas y Yungay
hasta encontrar al enemigo.
Habiendo tenido en
Corongo noticias positivas sobre que
Recabarren había
abandonado sus posiciones de Huaylas para unirse a
las fuerzas del general Cáceres, que
había ocupado Yungay,
y no pudiendo pasar al sur por Huaylas, por haber
el enemigo cortado los puentes del río Santa y
destruido los caminos, creí de mi deber internarme
a Sihuas y detener en ese punto el avance del
enemigo, que según noticias fidedignas tomaba rumbo al norte por la ruta de
Pomabamba y la
mencionada población.
Con tal
propósito marche sobre Sihuas el 25 del
pasado; pero habiendo, durante la primera jornada a Urcon,
interceptado comunicaciones enemigas por las cuales debía
razonablemente calcular que el enemigo, fuerte de mas de 4.000 hombres,
podía haber ocupado en esa fecha la referida
hacienda de Urcon y esperarnos en posiciones
ventajosas, contra marché a
Corongo con el propósito de evitar que el
se pasase al norte y se interpusiese entre mis fuerzas y las que
debían venir de la costa a reforzar la
división. Al propio tiempo tenia el
propósito de ocupar antes que el enemigo la
posición de Mollepata que consideraba de
importancia estratégica para el doble objeto que
VS., había tenido a bien encomendarme, de batir al
enemigo e impedir su acceso a las provincias del norte.
Al entrar a
Pallasca encontré al pueblo en aptitud
hostil a consecuencia de instrucciones enviadas por
Cáceres para que a toda costa se nos Hostilizase mientras sus fuerzas
nos daban alcance. Con este motivo se trabo un ligero combate entre la
vanguardia y los revoltosos, que concluyo con la dispersión y muerte de gran
numero de estos.
Tomada
posesión de Mollepata,
permanecí en el pueblo el tiempo que me lo
permitieron sus escasos recursos, y habiendo descubierto que el enemigo
podía flanquearnos por las alturas de Pampas sin
que pudiésemos evitar a menos de fraccionar
nuestras fuerzas, me traslade a Tulpo, distante
dos leguas, un día antes de que las fuerzas
enemigas tomaron posesión de Pampas. No pudiendo
permanecer en Tulpo, tome la
resolución de trasladarme definitivamente a
Huamachuco y establecer allí el centro de
resistencia y de reunión de las fuerzas que, según
noticias, sabia debían llegar pronto a la costa.
Todos esos movimientos los ejecutaba con el doble objeto que VS.
había tenido a bien encomendarme y porque sabia
positivamente que Cáceres
seguía contra mis fuerzas, resuelto a batirse.
El día
6 del presente llego a esta ciudad el comandante don Herminio
González con 581
hombres de las tres armas que venían a reforzar la
división.
Con este refuerzo hombres que a las
ordenes del sargento mayor don Sofanor Parra se
habían agregado en Angasmarca,
quedo la división en un regular pie de defensa,
pues descontados los enfermos, podía contarse con
1.500 hombres de las tres armas y municiones en suficiente cantidad.
Acorde, en consecuencia, esperar al
enemigo, por numerosas que fueran sus huestes. Por datos exactos se sabia que
no podía estar a mas de dos
días de camino, pues a nuestra salida de Mollepata
había llegado en dos divisiones, por Pampas y por
Pallasca, para envolvernos por el sur y por el
norte.
En efecto el
día 8, desde la mañana se notaron algunos espías
enemigos por las elevadas alturas de Hualyllas, al
sur de la ciudad, y practicados los reconocimientos del caso, por el que
suscribe, en unión de algunos jefes y ayudantes,
pude comprender que el enemigo tendía a ocupar las
alturas de Cuyulga situadas al sureste de la
población, desde donde podía dominarnos con sus
cañones, a cubierto de todo ataque por la importancia de esas posiciones.
En el acto di las
ordenes convenientes para que toda la
división se pusiese en pie de
marcha para tomar las posiciones en el cerro Sazón,
situado al norte de la ciudad y cuya posición era por
demás ventajosa para la defensa.
A las 2 PM..
y cuando la división ejecutaba el movimiento
antedicho, el enemigo disparo algunos tiros de cañón
sobre la plaza sin causarnos daño alguno, al mismo tiempo que
lanzaba por diversos puntos numerosas fuerzas
destinadas a asaltar la población, envolviéndonos
por todas partes.
Bien pronto tomaron
posesión de la plaza, puesto que la
habíamos abandonado, pero quedaron bajo nuestras
baterías colocadas en el cerro
Sazón, contestaron los fuegos enemigos y
contuvieron a los asaltantes, que se vieron obligados a replegarse a sus
trincheras de Cuyulga.
Durante la noche el enemigo intento
un movimiento envolvente por nuestros flancos; pero sea temor al asalto en
nuestras posiciones o mala dirección, el echo es
que al amanecer tuvo que replegar sus fuerzas bajo los fuegos de nuestros
cañones, que les hicieron certeros disparos.
En el día
se ocupo el enemigo de hacer lujosos despliegues con sus fuerzas y en simular
combates por su retaguardia para hacernos creer
que las fuerzas del señor coronel Arraigada estaban a la vista y tentarnos de
este modo a abandonar nuestras posiciones para empeñar un combate en las que
ocupaba.
Convencido por nuestra inmovilidad
de que tan vulgar estratagema no podía surtir el
efecto que se habían prometido, emplearon el resto
del día en saquear la población y en provocarnos
desde ella, ocultos tras las tapias, con nutridos fuegos de
fusilería, que a tiempo contestaba nuestra
derecha.
En la noche del 9, calculando que
las fuerzas de Puga, que habían sido llamadas,
podían llegar al día
siguiente y engrosar las filas enemigas y no habiendo, por otra parte, podido
formarnos una idea exacta del numero de sus fuerzas por haber permanecido
ocultas en su mayor parte tras las quebradas, recibí
emprender en la mañana un reconocimiento sobre la derecha enemiga, llevando
por ese lado un simulacro de ataque en forma a fin de hacerlas salir de sus
trincheras.
Con tal
propósito, pasadas las 6 AM.., se destaco
en guerrillas una compañía del Zapadores al mando del
capitán don Amador Moreira, con orden de amagar la derecha enemiga,
remontando hasta una altura conveniente las elevadas posiciones que ocupaba.
Un momento después se mando en su
protección la otra compañía
de que constaba el referido
batallón, al mando del capitán don
Juan Antonio Maldonado, debiendo estas fuerzas obrar a las ordenes del
capitán ayudante del mismo, don Ricardo Canales.
El enemigo mientras tanto,
parecía no haberse preocupado de nuestros
movimientos; de modo que las compañías
guerrilleras recorrieron una gran distancia.
Poco antes de las 8 descendieron de
la altura por dos distintos puntos varios batallones enemigos y rompieron un
nutrido fuego sobre Zapadores, tratando de envolverlo. Los nuestros
continuaron, no obstante, avanzando con denuedo por largo espacio, y desde las
alturas continuaron descolgándose fuerzas
numerosas que indudablemente habrían rodeado por
completo nuestras diminutas guerrillas, si la orden que se les
envió de replegarse no las hubiesen obligado a
batirse en retirada.
Simultáneamente con el ataque de la
altura, el enemigo destaco fuerzas desde la ciudad, que avanzaban por la pampa
en aptitud de cortar las guerrillas de Zapadores. Esas fuerzas fueron
detenidas en su marcha por el capitán ayudante don
Luis Dell'Orto con una compañía del
batallón Concepción.
Mientras tanto el enemigo
continuaba avanzando y formando en batalla todas sus fuerzas; de modo que por
cada batallón que entraba en batalla, iba yo
haciendo correr a nuestra izquierda nuevas compañías
del Concepción y del Talca en protección de las
primeras.
Ya podía
calcularse que la batalla estaba empeñada, de hecho por parte del enemigo, el
que muy pronto formo una
extensa y regular línea que
sobrepasaba por mucho a la nuestra en ambos
extremos.
La artillería
enemiga, que hasta entonces había permanecido
en la altura, descendió
casi hasta la pampa de Purrubamba, y con un fuego
vivísimo protegía el
avance de sus filas.
Por fin, quedo empeñada la batalla
en toda nuestra línea desde el cerro
Sazón hasta el
Conochugo, en que apoyamos nuestra ala izquierda.
El enemigo avanzo con prontitud y
evidentemente trato a toda costa de envolver nuestra izquierda, al propio
tiempo que las fuerzas que ocupaban la ciudad trataban de flanquear nuestra
derecha, que defendía el
capitán ayudante don Julio Z. Mesa con la segunda compañía del Talca.
Una carga de
caballería que había intentado un poco
antes, no pudo llevarse a efecto sino en partes, porque el enemigo se
protegió con las sinuosidades del terreno; pero
contuvo en algo su avance.
Colocada nuestra
artillería en toda el ala izquierda, que era el
objetivo principal del enemigo, no ceso de hacer un nutrido y certero fuego
sobre sus filas, logrando desmontar uno de sus cañones.
Eran las 12 meridiano: la batalla
estaba aun indecisa , y el enemigo lejos de ceder,
avanzaba hasta ponerse al habla con los nuestros.
Indudablemente comprendía que era tres veces
mas fuerte por el numero, y las retiradas de las
compañías guerrilleras, al principio de la
acción, había
envalentonado sus huestes.
En tales momentos dispuse una carga
general de caballería y bayoneta, la que se llevo
a cabo con tanto empuje y bizarría por nuestras
valientes tropas, que desde el primer instante se noto vacilación en las filas
enemigas y pronto estas se rompieron en varios puntos a la vez, corriendo el
enemigo en todas direcciones.
La victoria por nuestra parte
estaba declarada y llego el momento de la persecución. La
caballería cargo para el sur y para el norte y nuestros bravos
Cazadores consiguieron tomar siete piezas de artillería
enemiga, y habrían logrado capturar al mismo
Cáceres y su Estado Mayor, si el mal estado de la
caballada no los hubiese auxiliado en su precipitada fuga.
Los infantes por su parte no
perdieron el tiempo y persiguieron al enemigo hasta las mas altas cumbres,
ocupándose bien pronto con la fuerza que se pudo
organizar y dos piezas de artillería el propio
campamento enemigo en la cima del Cuyulga.
La persecución se prolongo hasta
las 3 PM. Con excelentes resultados, pues se consiguió dejar el campo sembrado
de cadáveres en una extensión considerable, dispersándose
al enemigo en todas direcciones y haciéndolo
abandonar sus armas y sus municiones.
Tal ha sido, señor general, la
esplendida victoria obtenida por nuestras armas en las inmediaciones de
Huamachuco, contra las fuerzas unidas de
Cáceres, Recabarren,
Elías, Prado y demás
caudillos, que según datos del mismo enemigo llegaban a 3.800 hombres bien
armados, sin contar las tropas irregulares de Santiago de
Chuco y de esa misma población que tomara parte en la batalla; y ella
ha venido a probar una vez mas que el heroísmo de nuestros soldados puede
compensar con mucho la inmensa superioridad numérica
de sus enemigos.
En el acto de terminarse la
batalla, ordene que se destinasen todos los soldados sobrantes de la
división a recoger nuestros heridos, las armas y
municiones que quedaron en el campo.
Los heridos a las 6 de la tarde
estaban en cómodos lechos y atendidos con esmero
por el Servicio Sanitario, que no ha omitido sacrificios por nuestros
valientes soldados.
Por las adjuntas relaciones se
impondrá VS.. del
numero de nuestras bajas, armamentos, municiones y trofeos tomados al enemigo,
municiones consumidas y demás circunstancias que
puedan ser de su interés.
Nuestras bajas son relativamente
pocas, si se atiende al mayor numero del enemigo y
a la duración de la batalla, pues apenas llegan a
un diez por ciento.
El enemigo dejo en el campo mas de
500 muertos, y pueden estimarse en 300 los que han caído
en las alturas y que día a
día se van descubriendo. En cuanto a los heridos, tengo noticias que
existen ocultos hasta a cinco leguas a la redonda, por cuyo motivo he
despachado comisiones a recorrer los alrededores. Muchos jefes y oficiales
quedaron también en el campo, entre ellos los
jefes de los batallones Piragua, Huallaga, Jauja y
Zepita, y otros que no pudieron ser reconocidos.
Cáceres con unos pocos oficiales huyo, según se
dice herido, por las alturas de Chuzos.
La derrota ha sido, por lo tanto,
completa, y con ello creo terminara toda resistencia de fuerza armada digna de
considerarse.
Habiendo confesado el enemigo que
su artillería se componía
de trece cañones, menos dos o tres que había
dejado ocultos en los altos de Yungay, y no
habiéndose capturado sino siete el
día de la victoria, hice buscar con empeño los que
faltaban para el completo, teniendo la fortuna de encontrar cuatro el
día de la fecha, con los cuales se ha enterado el
numero de once.
Por lo que respecta a las armas,
municiones y equipo, siguese recogiendo en buen
numero, no obstante las dificultades del terreno y la gran
extensión en que se encuentran diseminadas.
No terminare, señor general, sin
cumplir el deber de recomendar a la consideración de VS. a
todos los señores jefes, oficiales e individuos de tropa que componen esta
división por su brillante comportamiento en el
campo de batalla y durante toda la campaña, puesto que a su denuedo y
patriotismo se debe tan importante victoria.
Ya que no es posible recomendar a
cada unos especialmente porque todos rivalizaron en valor,
seame permitido como justo homenaje al merito
probado, hacer mención particular de los señores
jefes de cuerpo y secciones, que han sabido mantener en nuestros bravos
soldados, el sentimiento patrio y la disciplina que constituyen la base de
las victorias; tales son: el jefe de Estado Mayor, sargento mayor de Guardias
Nacionales don Juan Francisco Merino; comandante del
batallón movilizado Concepción, teniente coronel don Herminio
González; comandante del
batallón movilizado Talca, teniente coronel don Alejandro Cruz;
comandante de las fuerzas de Cazadores a Caballo, teniente coronel graduado
don Alberto Novoa; jefe de la brigada de artillería,
sargento mayor don Gumersindo
Fontecilla; jefe de las compañías del
batallón Zapadores, capitán
ayudante don Ricardo Canales; y jefe del Parque, teniente de Guardias
Nacionales don J. Abel García.
también
cumplo con el deber de recomendar a VS.
especialmente al Cuerpo Sanitario, compuesto por
los doctores Clodomiro González, don Carlos Vargas
y don Manuel Rencoret, y a los ayudantes de la
comandancia en jefe, capitán del
batallón Concepción do Rafael Benavente, al
id. don
Cesario Medina y teniente de ejercito don
Ejidio Gómez; a los de
Estado Mayor, capitán de ejercito don
Santiago Herrera, teniente del
batallón Zapadores don Martín
Urbina y sub-inspector de telégrafos don Demetrio
Tobar, y finalmente, al ayudante del Parque empleado de telégrafos don
Wenceslao Rivera.
Réstame
solo felicitar a VS. por tan importante victoria
para las armas de la patria.
Dios guarde a VS. Alejandro Gorostiaga
Parte del Estado Mayor chileno en Huamachuco
ESTADO MAYOR DE LA DIVISIÓN DEL NORTE
Huamachuco, 11 de julio de 1883
Señor coronel comandante en jefe: Paso a dar cuenta de la batalla librada ayer con las fuerzas enemigas unidas del general Cáceres, Recabarren, Elías y otros caudillos. El día 8 del corriente, después de haber andado con VS. y otros jefes haciendo reconocimientos por las colinas que rodean a esta ciudad, se percibieron algunos espías del enemigo en las alturas sur del pueblo, e inmediatamente dispuso VS. que la división tomara las posiciones del norte o sea del cerro Sazón. El enemigo, comprendiendo nuestro movimiento, adelanto una pieza de artillería y dio principio a cañonear a nuestros cuerpos que tomaban las alturas ya dichas. Colocados en nuestra posición, se mantuvo un cañoneo por ambas partes por espacio de tres horas, hasta que llegada la noche fueron suspendidos los fuegos para principiarlos a las 6 de la mañana del siguiente día, cuyo cañoneo se sostuvo todo el día acompañado de tiros de rifles, que por momento se hacia vivísimo. Así paso todo el 9, no dando el enemigo señales de querer atacarnos, sino moviendo sus tropas en distintas direcciones, pero convergiéndolas todas a su primitivo campamento. Al amanecer de la mañana de ayer y para conocer el numero del enemigo, de acuerdo con VS., se mando un reconocimiento de dos compañías de Zapadores al mando de su jefe accidental el valiente capitán ayudante don Ricardo Canales y de los no menos valientes capitanes Maldonado y Moreira del mismo cuerpo. Este reconocimiento hizo salir al enemigo de sus posiciones, mandando por distintas partes batallones a atacar y cortar a nuestras compañías. Viendo esto VS., mando en su protección y con orden de retirarse si el enemigo mandaba mas fuerzas, una compañía del Concepción, al mando del intrépido capitán ayudante don Luis Dell' Orto, la que luego tuvo que empeñar combate con el enemigo, que descubrió todas sus fuerzas. Este movimiento hizo comprender que la batalla se empeñaba y era decisiva y entonces se principio a mandar en protección de las primeras, compañía por compañía, del Talca y del Concepción, mandadas por sus expertos y bravos capitanes, mientras que la artillería hacia continuos y certeros disparos y cambiaba a otro punto algunas de sus piezas. El enemigo, con un arrojo a toda prueba, trataba de apoderarse del Morro Cochugo, donde hubo que concentrar casi todas nuestras fuerzas para proteger la artillería y caballería que teníamos allí, habiendo esta dado ya una pequeña carga en circunstancias que un cañón enemigo era desmontado por un tiro de los nuestros. Como las municiones ya nos iban escaseando y el combate duraba cuatro horas justas, ordeno VS. atacar a la bayoneta y que la caballería diera también su carga al mando del bizarro sargento mayor don Sofanor Parra; este movimiento, llevado con suma rapidez, declaro la derrota del enemigo por distintos puntos, siendo perseguido por nuestras tropas sin descanso alguno hasta las 3 PM... Como VS. lo sabe bien, los fuegos se rompieron a las 8 AM.. y a las 12.30 éramos dueños del campo, de casi toda la artillería enemiga, gran numero de armamento, todo el parque, dos estandarte y algunas banderolas, cuyos detalles los encontrara VS. en la relación adjunta. Esta batalla, que ha dado nuevas glorias a nuestra patria, ha sido coronada del mas completo éxito por las acertadas y bien convinadas disposiciones de VS. que, secundadas con la bravura de nuestras tropas, dieron en tierra con un ejercito de 3.800 hombres bien armados y resueltos. El comportamiento de los señores jefes y oficiales de la división durante la batalla no pudo ser mas satisfactoria, pues con su serenidad y valor alentaban a su tropa y marchaban a la cabeza al encuentro del enemigo, por lo que me permito recomendarlos a la consideración de VS.. también ME hago un deber de recomendar a VS. los importantes servicios prestados en el mismo campo de batalla por los cirujanos primeros don Clodomiro González y don Carlos Vargas Clark, y del segundo don Manuel Rencores y demás personal de la Ambulancia que nos acompaña. El parque ha sido servido con todo el celo y puntualidad que las necesidades del combate exigían, siendo sus jefes el teniente del batallón Victoria don J. Abel García, y telegrafista don Wenceslao Ribera Jirón. Nuestras bajas, según los partes de los señores jefes de cuerpo y que acompaño a VS., ascienden a 160 entre muertos, heridos y contusos, siendo de los primeros 56, 83 de los segundos y 25 de los últimos, contándose entre los heridos cuatro oficiales y dos contusos. El enemigo dejo en el campo de batalla mas de 500 muertos entre jefes, oficiales y tropa, y por los reconocimientos que se han hecho hasta hoy hasta dos leguas del campo, se puede asegurar que los muertos pasan de 800, y por datos positivos, el general Cáceres fugo herido. Antes de concluir y felicitar a VS. por el éxito obtenido, réstame solo darle mis mas profundos agradecimientos por el puesto altamente honorífico que se sirvió confiarme al empezar esta campaña, y recomendarle por su bizarro comportamiento a mis ayudantes, capitán de ejercito don Santiago Herrera Gandarillas, teniente de Zapadores don Martín Urbina y al sub- inspector de telégrafos don Demetrio Tobar, que hacia de ayudante durante el combate, y que con todo arrojo comunicaba las ordenes que el que suscribe impartía a los cuerpos. J.F. Merino
Parte Oficial del Cazadores a Caballo
Huamachuco, julio 11 de 1883
Como di cuenta a VS. en mi nota numero 128 del 28 del mes próximo pasado, al día siguiente me puse en marcha con la fuerza de Cazadores que vino de Chiclayo y Pacasmayo, llegando a esta ciudad el 7 del presente, en donde nos reunimos con la división del señor coronel don Alejandro Gorostiaga y los 120 Cazadores que, al mando del sargento mayor don Sofanor Parra, había en ella. Como a las 3 P.M. del día 8 se dio el aviso de estar el enemigo a la vista, y de orden superior marchamos a colocarnos a retaguardia de la línea de batalla que formo nuestra infantería y artillería en el cerro llamado Sazón, situado como a dos millas al norte de esta población. Media hora después el enemigo rompió sus fuegos de artillería sobre nuestra línea y tropa que avanzaba a tomar las indicadas posiciones, los que fueron contestados a su vez, suspendiéndose por ambas partes a las oraciones de ese día. El 9, poco después de diana, empezó nuevamente el cañoneo de nuestra artillería sobre la línea enemiga, siendo contestado por esta, sin que nada mas particular hubiese en dicho día. Como a las 7:30 A.M. del día 10, mando el señor coronel, jefe de la división, a reconocer la derecha del enemigo dos compañías guerrilleras del batallón Zapadores. Con este motivo y por instrucciones que recibí de dicho jefe, dispuse que el capitán don Abel P. Ilabaca, con su compañía marchase en protección de las citadas guerrillas, las que se replegaron a nuestra línea después que se les concluyeron las municiones. Viendo esto el enemigo, avanzo decididamente sobre nuestra línea, haciendo, al parecer, un movimiento para flanquearnos. En tal momento ordene que el capitán don Juan de Dios Quezada cargase con su compañía, no haciéndolo con toda la fuerza de mi mando por no permitirlo la topografía del terreno. Esta carga dio como resultado la detención del enemigo en su avance. Dos horas después, cuando ya hacia tiempo se había comprometido el combate por toda la fuerza de la división y el enemigo volvía a tomar su primera línea de defensa, según instrucciones que recibí, ordene que el sargento mayor don Sofanor Parra cargase con un escuadrón hacia donde se encontraba la artillería enemiga. Ejecutada dicha carga destruyo aquella fuerza y le quito siete piezas que ahí tenia con todas sus municiones. Al mismo tiempo dispuse que el teniente don Benjamín Allende, con los 25 hombres de su mitad, cargase a la derecha de la misma línea. El fuerte empuje con que nuestra infantería llevo el ataque sobre la línea enemiga, unida a las oportunas cargas dadas por las fuerzas de mi mando, dio por resultado la derrota completa del enemigo, el que, siendo en numero mas del doble superior al nuestro, dejo en el campo muchas bajas, de ellas algunos jefes y oficiales de graduación. Por mi parte he tenido que lamentar la perdida de los soldados Laureano Acevedo y Nicolás Tapia, que murieron en el combate, habiendo sido herido levemente el cabo 1° José L. Baeza, y de alguna gravedad los soldados Julio Arredondo, Cirio Mena y Rosauro Pontigo. Termino, señor coronel, felicitando a VS. por el buen comportamiento de la fuerza del regimiento que tengo a mi cargo en la batalla del día de ayer, haciéndole presente que tanto el sargento mayor don Sofanor Parra como los oficiales y tropa que tengo el honor de mandar, han estado en ella a la altura del buen nombre que tiene adquirido el regimiento. Dios guarde a VS. Alberto Novoa Gormaz Al señor coronel comandante del regimiento de Cazadores a Caballo
Parte Oficial de la Brigada del Regimiento N º 2 de Artillería
En cumplimiento a lo ordenado por VS. paso a darle cuenta de la parte que le cupo a la Brigada de mi mando en la acción que se sostuvo contra las fuerzas enemigas durante los días 8, 9 y 10 del presente mes. El domingo 8 del presente, a las 3 P. M. recibí órdenes del Estado Mayor de alistarme con la brigada de artillería para levantar el campamento, y a la media hora después recibí la orden de marchar a tomar una posición conveniente en el cerro denominado Sazón por haberse presentado el enemigo. A las 4 P. M. contestó al fuego enemigo la primera pieza que coronó la cima del cerro mencionado y sucesivamente fueron tomando colocación a la derecha de las piezas restantes, que a su vez rompieron el fuego. La primera batería hostilizó al enemigo con certeros tiros y a casi toda su artillería y más dos batallones que intentaban bajar a la población a tomarse la caballada. La segunda batería, situada a nuestra derecha, impidió que la división del coronel enemigo Recabarren siguiera su movimiento envolvente que trato de hacer. A las 6 P. M. viendo que el enemigo se retiraba a ocupar sus primeras posiciones al cerro denominado Paransique, mandé hacer alto el fuego. El lunes 9 a las 7 A. M. recibí orden del señor coronel jefe de la División de hostilizar con algunos disparos de artillería a una avanzada enemiga que volvía a replegarse al grueso del ejército; después de algunos tiros y que el enemigo se desplegó en guerrilla, mandó a hacer alto al fuego. A las 12 M. recibí orden del Estado Mayor de hacer fuego sobre la plaza con el fin de hacer salir la tropa de caballería enemiga que en ella había y de incendiar la población para impedir que el enemigo se abasteciese de víveres. A las 4 P. M. habiéndose notado que algunos batallones enemigos cambiaban de posición , del cerro Urucu al Paransique, recibí nuevamente orden de romper sobre ellos los fuegos, lo que se hizo con feliz éxito, puesto que el enemigo se dispersó inmediatamente y se ocultó tras una quebrada. El martes 10 a las 7 A. M. recibí orden del señor coronel jefe de la división de proteger con las piezas de artillería a las dos compañías de Zapadores que salieron en reconocimiento del enemigo; pero habiéndose empeñado el combate por toda la línea enemiga, dispuse que toda la artillería funcionase en protección de las compañías guerrilleras que se batían. Observando a las 10 A. M. que casi todo el ejército enemigo se cargaba a nuestra izquierda, al parecer con el objeto de flanquearnos, ordene a la segunda batería que se reconcentrase a esa ala y que en unión a la primera protegiera a la infantería. A las 12 M. recibí orden del señor jefe de la división de tomar colocación con toda la brigada en un morrito situado a nuestra izquierda , con el fin de batir a la artillería enemiga, situada a 800 metros; efectuaba este movimiento cuando se notó que el enemigo retrocedía; diez minutos más y la derrota era completa en toda la línea enemiga. Aprovechando el alcance de nuestros cañones mande hacer fuego por elevación con el fin de atemorizar más al enemigo y de hacer así más completa su derrota. El número de municiones consumidas en los tres días asciende a 560 granadas; quedándome solo 8 granadas y 28 tarros a metralla, con igual número de saquetes en toda la brigada. Adjunto a VS., una relación nominal de los señores oficiales y tropa a mis órdenes que han tomado parte en la acción. Creo de mi deber hacer presente a VS. que tanto los señores oficiales como individuos de tropa han cumplido con su deber. G. FONTECILLA
Parte Oficial de la Brigada del Regimiento Zapadores
Señor Jefe de Estado Mayor: Conforme con las instrucciones que recibí de V.S., procedí a reconocer las posiciones del ejército enemigo, mandado en jefe por el general Cáceres y atrincherado en las cimas del cerro Cuyulga, el que debería yo ascender hasta donde me fuera posible. Mandé para el efecto al capitán señor don Amador Moreira desprenderse de nuestras fortificaciones en Sazón, y que con 100 Zapadores dispersos en guerrilla principiara la ascensión del cerro Cuyulga. Ordené asimismo al capitán señor don Juan Antonio Maldonado que con 110 hombres del mismo cuerpo y dispersos en guerrilla continuara la marcha de la primera tropa a 150 pasos a retaguardia para proteger a aquella en caso de ataque. A tiempo que el capitán Moreira principiaba a subir el Cuyulga, me le uní y tomé el mando de las fuerzas. La marcha se hizo con todo orden y rapidez, yendo 40 pasos a mi vanguardia las descubiertas de derecha, centro e izquierda por exigirlo así la topografía del terreno. Lo accidentado del campo me impidió ver que el enemigo se encontraba a corta distancia nuestra, de tal manera que la descubierta de la izquierda, apenas hubo andado 250 pasos poco más o menos, recibió casi a quemarropa una descarga enemiga y con lo que principió el ataque sobre nuestras filas. Hice romper los fuegos en avance y que la fuerza del capitán Maldonado en el mismo sentido aumentara nuestra línea por la derecha. El avance no pudo durar más de un cuarto de hora, porque recibí orden de V.S.de marchar en retirada, la que fue muy oportuna, porque las municiones principiaban a escasear y porque el enemigo, retirándose de trinchera en trinchera, había reforzado considerablemente sus filas. Mandé fuego en retirada, lo que significó para el enemigo una derrota por nuestra parte; y desprendiéndose en masa de sus reductos, bajó la llanura de Purrupamba y tan posesionado de nuestra derrota venía que hizo bajar a dicho campo todo su ejército incluso la artillería. Mi retirada la hice hasta las alturas de Conochugo, en donde me atrincheré, teniendo a mi derecha los importantes refuerzos de los batallones Concepción y Talca. Si es cierto que la fuerza enemiga, en un número tres veces mayor a la nuestra, nos atacó con furor, no es menos cierto que el reconocido arrojo de nuestros soldados les hizo tomar las de costumbre, después de cuatro horas y media de batalla. Antes de terminar el presente parte, señor, voy a cumplir con el más fuerte de mis deberes en él, cual es recomendar a V.S. la heróica conducta observada en el campo de batalla por todos los señores oficiales, clases y soldados de mi mando; peromuy principalmente llamo la atención de V. S. sobre los capitanes señores don Juan Antonio Maldonado y don Amador Moreira, a quienes se debe en gran parte el denuedo, moralidad y disciplina que la fuerza de mi mando supo observar en momentos tan supremos. Adjunto, remito a V.S. una nómina de los muertos y heridos que me resultaron en dicha batalla. Dios guarde a V.S. RICARDO CANALES Al señor Jefe de Estado Mayor de la División del Norte
Parte Oficial del Batallón Cívico Movilizado Talca
Huamachuco, julio 11 de 1883. Tengo el honor de dar cuenta a V.S. de las operaciones llevadas a cabo por el batallón de mi mando en la batalla que tuvo lugar el día 10 del presente mes. El día indicado a las 6.30 A.M. ordenó el señor comandante en jefe de la división que las dos compañías del batallón Zapadores hiciesen un reconocimiento sobre la derecha enemiga y al mismo tiempo me ordenó tener listo el batallón de mi mando para auxiliar a dichas fuerzas. A las 8 después de haber trabado combate Zapadores y parte del Concepción, que se mandó en su auxilio, recibí orden de V.S. de despachar dos compañías en protección de aquellas fuerzas, que el enemigo había atacado y tratado de flanquear. En el acto las despaché a las órdenes del capitán ayudante, don Carlos Rojas Arancibia, y al propio tiempo de orden de V.S. trasladé dos compañías más de la derecha nuestra al centro para tenerlas listas a entrar en combate. Estas compañías y otra más que se hizo venir de la derecha entraron en batalla a las 9 A.M. por el centro de nuestra línea, casi al mismo tiempo que se ordenaba una carga general de caballería por el ala izquierda enemiga. A las 11 A.M. se ordenó una nueva carga de caballería y de bayoneta, que decidió la batalla con la completa derrota del enemigo. La compañía que quedó protegiendo la derecha, al mando del capitán ayudante don Julio Zacarías Meza, fue atacada por el batallón Pisagua, que quedó en la ciudad, tan pronto como notó que quedaban en esa ala pocas fuerzas; pero fue rechazado con pérdidas considerables, entre ellas las del jefe del expresado, comandante Salazar, que quedó en el campo. Adjunto a V.S. una relación nominal de los individuos de tropa muertos y heridos en la acción, cuyo monto asciende a 15 de los primeros y 23 de los segundos. Sólo me resta agregar que tanto los jefes y oficiales como los individuos de tropa de mi mando, han cumplido con su deber. Dios guarde a V.S. ALEJANDRO CRUZ Al señor Jefe de Estado Mayor de la División.
Parte Oficial del General Andrés A. Cáceres
Jefatura
Superior, Política y Militar de los Departamentos del Centro.
Comprendiendo que el deber me llamaba, sin reparar ningún peligro, a vigilar
por los intereses de los pueblos de mi jurisdicción, desde el campo del
desastre hasta aquí, he venido constantemente atravesando por medio de la
línea enemiga, compuesta desde el Norte por la división Gorostiaga, otra
división desembarcada probablemente en Casma y que se aproximaba a Huaraz,
las fuerzas de Arriagada que contramarcharon de Yungay y que ocupaban de
Huallanca a Huánuco, y otras fuerzas que vinieron de Huacho y que se
extendían del Cerro de Pasco a Junín, avanzando a Tarma. En el tránsito me
he podido librar de las numerosas partidas enviadas en mi persecución y
repeler a balazos el asalto que en la noche del 26 sufrí en Tarmatambo y en
que casi fui víctima con los pocos que me acompañaban, por un destacamento
de caballería que había venido borrando mis pasos y que entró a Tarma al
mismo tiempo que yo salía de esta ciudad.
Parte Oficial del Regimiento Concepción
Huamachuco, julio 11 de 1883. Tengo el honor de poner en conocimiento de V.S. la parte que cupo al cuerpo que comando en la batalla librada el 10 del presente contra las fuerzas peruanas del general Cáceres. Situado nuestro ejército en el cerro de Sazón, el batallón se encontraba colocado en la falda sur del mencionado cerro, y conforme a las instrucciones de V.S., a las 8 A.M. del día indicado, ordené salir a la primera compañía, bajo las órdenes del capitán ayudante don Luis Dell'Orto, hacia la vega de Purrubamba y en dirección del ejército enemigo. Sucesivamente salieron la 2ª y 3ª compañías y 4ª y 5ª con el que suscribe y demás jefes del cuerpo. Considero inútil entrar en más detalles, en atención a que todos ellos han estado a la vista de V.S., restándome únicamente exponer a V.S. que tanto los señores jefes y oficiales como los individuos de tropa han cumplido su deber. Las bajas ocurridas se detallan en la nómina adjunta. HERMINIO GONZÁLEZ Al señor Jefe de Estado Mayor de la División del Norte.
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