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| La Guerra del Pacífico ; Los Héroes Olvidados www.laguerradelpacifico.cl Por Mauricio Pelayo González |
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Partes de Guerra del Asalto y Toma de Pisagua
Parte del General en Jefe del Ejercito chileno don Erasmo Escala
Campamento del Hospicio, Noviembre 10 de 1879 Señor Ministro: Desde el día en que fui investido con el alto carácter de General en Jefe del Ejercito de Operaciones del Norte, ayudado con la eficacísima cooperación del señor ministro de guerra en comisión, don Rafael Sotomayor, contraje mis esfuerzos con preferente atención a preparar y organizar los elementos de una expedición sobre el territorio enemigo, que asegurando el triunfo de nuestras armas, apresurará el término honroso de la injusta guerra a que tan alevosamente habíamos sido provocados. Graves dificultades se presentaban para tan ardua empresa. El estado del ejercito de mi mando era altamente satisfactorio; pero los obstáculos materiales que a ella se oponían, eran casi insuperables.. Cualquiera que fuera el punto del país enemigo que se eligiera como el objetivo de operaciones, había que presentar toda clase de inconvenientes. La enorme distancia que nos habría de separar de los centros de nuestros recursos, la escasez de elementos de transporte y de movilización de que podíamos disponer para un crecido ejército, la privación de los medios de sustentación, la falta casi absoluta de un elemento tan indispensable como el agua, la influencia del clima y muchas otras dificultades que no se ocultarán a la inteligente penetración de V. S. , nos obliga a tomar todo género de precauciones y prevenciones que nos pusieran a salvo de toda eventualidad o emergencia. Con todo cábeme ahora la honrosa satisfacción de dar cuenta a V. S. de que esta expedición ha sido llevada ya a cabo en una importantísima parte con un feliz éxito y no vacilo un momento en afirmar a V. S. que el resultado final ha de corresponder al éxito que hasta aquí se ha obtenido.
Parte del Coronel chileno Luis Arteaga
"Comandancia General de Infantería. Campamento del Hospicio, Noviembre 8 de 1879.
Señor General en Jefe:
Cábeme el honor de dar cuenta a US de las operaciones practicadas por la fuerza de Infantería, que depende de esta Comandancia, en el desembarco y toma de la plaza de Pisagua, que se verificó el día 2 del presente mes. En cumplimiento de órdenes de su señoría, el que suscribe en unión con el teniente coronel don Diego Dublé Almeyda, el teniente coronel de Guardias Nacionales don Justiniano de Zubiría y el capitán de igual clase don Luis C. Santana, practicó un reconocimiento previo, como a las 8 AM, de los diversos puntos de la Bahía de Pisagua, a donde se pudiera conducir la tropa para su desembarco; y pudimos hacerlo con felicidad, a pesar de los fuegos que se nos hicieron de tierra, y que fueron contestados por un pequeño cañón de que puede disponer para su servicio la lancha a vapor, en que hacíamos este reconocimiento. Regresado a bordo del crucero "Amazonas", y después de dar cuenta de mi comisión, recibí orden de US de embarcarme en la misma lancha a vapor con el señor Jefe de Estado Mayor para atender al desembarco de nuestras tropas en este puerto, lo que hice, acompañándome de mis ayudantes, los subtenientes don Julián Zilleruelo y don Salvador Smith. La 2º División de las en que se seccionó el Ejército Expedicionario, compuesta del Regimiento Buín, Batallón Atacama y 2 Baterías de Montaña, fue designada para que desembarcara, desde luego, en la Bahía de Pisagua, y se dio principio a este acto a las 9 h 30 AM. A esta misma hora, la Brigada de Zapadores, que componía una División especial, recibió orden verbal del señor Jefe de Estado Mayor para desembarcarse; y el Comandante del cuerpo, don Ricardo Santa Cruz, con 300 hombres de la Brigada que estaban a bordo del transporte "Lamar", se dirigió a una pequeña Caleta al costado Norte de la Estación del Ferrocarril. Esta sección con una Compañía del Batallón Atacama, que en esos momentos se le juntó, encontró fuertes resistencias para saltar a tierra, recibiendo un vivo fuego de fusilería que se le dirigía por el enemigo, parapetados tras de grandes rocas y de las trincheras que les ofrecían los accidentes naturales del terreno y de la vía férrea. Con todo, consiguió poner pié en tierra, y principió a mejorar de posición avanzando hacia el lado de la población y por las faldas del cerro, logrando así rechazar a los enemigos que se replegaban en la ciudad, y capturar algunos prisioneros. Entretanto, un poco más al Norte, en el punto denominado Playa Blanca, intentaban en esos momentos desembarcar, en las mismas desfavorables condiciones, algunas Compañías del Atacama; y venciendo la resistencia que le oponían las fuerzas contrarias, fueron ellas ganando terreno poco a poco, y tomaron algunas alturas que le permitieron desalojar al enemigo de sus ventajosas posiciones. El resto de este Batallón, al mando de su Jefe Juan Martínez, y el Regimiento Buín, bajo las órdenes del Comandante don Luis J. Ortiz desembarcaban al mismo tiempo por otra Caleta, y principiaban a apoderarse de las alturas. Una pequeña División del Regimiento 2º de Línea, formada de 90 hombres que venían a bordo del "Lamar" y de 68 más a bordo del crucero "Loa", recibió orden del señor Jefe de Estado Mayor para desembarcar, lo que hicieron con algunas pérdidas por la Caleta de la Estación, y se dirigieron hacia el campamento del Hospicio, juntándose entonces al Regimiento Buín que llevaba esa misma dirección. Se incorporó también a este mismo Regimiento una Compañía de 100 Zapadores, que separada del resto de su Brigada por venir a bordo de la corbeta "O'Higgins", se desembarcó por Playa Blanca a las órdenes del capitán Baquedano, y comenzó su ascensión unida a una parte del Batallón Atacama. Habiendo conseguido ya un número respetable de nuestra fuerza poner pié en tierra, a pesar de las gravísimas dificultades que hubo que vencer, se emprendió la atrevida ascensión del cerro, para desalojar al enemigo de su propio campamento, por una parte del Regimiento Buín, el Batallón Atacama, 108 hombres del Regimiento 2º de Línea, y los 100 Zapadores a las órdenes del capitán Baquedano. El combate fue recio; ocupaba el enemigo ventajosas posiciones, en las cuales estaba perfectamente atrincherado, tras de los parapetos que le ofrecían los trabajos de la línea férrea y la formación del cerro. Más nuestras tropas, salvando las dificultades materiales del terreno, y resistiendo el vivo fuego que se les dirigía desde las alturas, obtuvieron un éxito completo después de 5 horas de tan rudo combate, pues dominando la altiplanicie en que estaban acampadas las fuerzas enemigas, se apoderaron del campamento, que estas últimas dejaron abandonado, tan pronto como vieron que nuestros soldados habían llegado a este punto. Cúpoles el honor de ser los primeros en entrar al campamento enemigo a los soldados del Regimiento Buín y del Batallón Atacama, según informes fidedignos que se me han dado. A las 2 ½ PM el ataque estaba ya completamente rechazado en todas partes, y el campo era nuestro. Continuó con tranquilidad, desde esa hora, el desembarco de las demás tropas designadas preferentemente y que alcanzaron a efectuarlo en ese día. Siendo la hora un poco avanzada, y después de tomar algunas medidas reclamadas por el estado de incendio producido por el bombardeo, me dirigí a este campamento, en donde he estado atendiendo a las necesidades del servicio en mi carácter de Comandante General de Infantería. Durante el combate hemos tenido que lamentar las siguientes bajas: Regimiento Buín - Muerto, el subteniente don Desiderio Iglesias. Heridos: los subtenientes don Belisario Cordobés y don Domingo Arteaga Novoa; además, 12 individuos de tropa, muertos; y 27 heridos. Regimiento 2º de Línea - 3 individuos de tropa, muertos y 8 heridos. Brigada de Zapadores - Fueron heridos el sargento mayor don Manuel Villarroel, el teniente don Enrique del Canto y el subteniente don Froilán Guerrero; y en la tropa fueron muertos 20 soldados y 46 heridos. Batallón Atacama - Han sido heridos el capitán don Agustín Fraga; y los subtenientes don Remigio Barrientos y don Andrés Hurtado; siendo muertos 19 individuos de tropa y 51 heridos. Aunque el Regimiento 4º de Línea no tomó parte en el desembarco y combate de las primeras horas, ha tenido algunas pérdidas, porque el transporte nacional "Toltén", a bordo del cual estaba embarcado este cuerpo, se acercó demasiado hacia el lado de tierra y recibió del enemigo unos tiros de riflería en circunstancias que la cubierta del buque estaba llena de gente, causando la pérdida de 3 muertos y 13 heridos en la tropa de ese cuerpo. Por último, haré presente a US que los señores Jefes y oficiales de cada cuerpo han observado una conducta digna de elogio, pues siempre se les vio en su puesto atendiendo sus respectivos cuerpos durante el desembarco y el combate. Aunque el Regimiento 2º de Línea no formó parte de esta División, su digno Comandante don Eleuterio Ramírez, prestó una eficaz cooperación embarcado en un bote, atendiendo en diversos puntos al transporte de tropas, lo mismo que el capitán de Ingenieros don Emilio Gana, que sirvió durante la acción embarcado en uno de los botes del vapor "Abtao". Los partes que han sido pasados por los Comandantes de cuerpos dan una relación detallada de la parte que a cada uno de ellos ha correspondido en este glorioso hecho de armas. Es cuanto tengo que exponer a US. Dios guarde a US.
(Firmado). Luis Arteaga.
Parte del Coronel chileno Emilio Sotomayor
Pisagua, Noviembre 5 de 1879.
Señor General en Jefe:
El día 2 del mes en curso, cumpliendo con las órdenes de US de proceder al desembarco de la 2º División compuesta del Regimiento Buín 1º de Línea, 3º Brigada de Zapadores y Batallón Atacama, con el objeto de atacar las tropas bolivianas que defendían las alturas de Pisagua, se envió una lancha a vapor con una comisión compuesta del coronel graduado don Luis Arteaga, teniente coronel de Estado Mayor don Diego Dublé Almeyda y el de igual clase de Guardias Nacionales don Justiniano de Zubiría, con el objeto de reconocer la playa e informar sobre los lugares apropiados para el desembarco de las fuerzas, operación que se efectuó en los momentos que nuestra Escuadra batía las fortalezas de tierra, habiendo principiado el fuego a las 7 horas 15 minutos AM. A las 9 horas 30 minutos AM se dio principio al desembarco de las tropas por medio de la flotilla de botes y lanchas, de los botes y lanchas de los buques de guerra y transportes que el capitán de navío graduado don Enrique Simpson había organizado. El primer cuerpo que tomó la ofensiva desembarcándose en Playa Blanca, caleta estrecha con capacidad únicamente para 2 embarcaciones y que se había acordado elegir como punto más seguro, fue el Atacama. A 2 Compañías de este Batallón les indicó el que suscribe trataran de dominar las alturas y si era posible flanquear al enemigo que desde la playa, colocado detrás de las rocas y de toda clase de obstáculos, hacía un nutrido fuego sobre las embarcaciones que conducía las tropas. Las del Atacama con algunas pequeñas pérdidas, rechazaron a los enemigos de la playa y se replegaron poco a poco hacia su segunda línea situada en la línea férrea. Inmediatamente después hice descender 2 Compañías de Zapadores al mando del sargento mayor don Manuel Villarroel, Jefe que fue herido en una pierna antes de saltar de la embarcación. Esta tropa tomó tierra más al Poniente (Caleta Guatas), haciendo el desembarco con el agua a la rodilla. Protegidas entre si estas 4 Compañías, seguí con el resto de estos Batallones hasta completarlos ordenando a sus Comandantes, don Juan Martínez, del Atacama; y don Ricardo Santa Cruz, de Zapadores, organizaran su tropa y trataran de hacer fuego economizando municiones. Con valor y calma principió la ascensión a 2.000 pies de altura sobre el nivel del mar; más, como viera que el enemigo aumentaba en número y que los nuestros eran inferiores en fuerzas, teniendo además que vencer fuertes posiciones y que los bolivianos del Batallón Victoria e Independencia con un contingente de 1.200 hombres podían hacernos gran resistencia sino se les atacaba con vigor y constancia, ordené al Comandante del Buín, teniente coronel don Luis J. Ortíz, Jefe de la 2º División, protegiese el ataque por nuestra izquierda a fin de flanquear la derecha del enemigo. Tres Compañías de este Regimiento al mando del teniente coronel don José María del Canto saltaron a tierra, siguiendo más tarde el resto con 30 soldados del 2º de Línea, mandados por el capitán don Emilio Larraín. Estas fuerzas con un valor a toda prueba, dominaron la altura a las 2 h 30 minutos PM después de 5 horas de tenaz combate. Los soldados del Atacama y del Buín fueron los primeros que hicieron flamear la bandera chilena en la más alta cima, poniendo en fuga al enemigo que en los primeros momentos fue mandado por el general peruano Buendía y coronel Juan Granier, Comandante en Jefe de las fuerzas bolivianas. Ambos Jefes abandonaron sus tropas a las 12 ½ del día. Según los partes de los Comandantes de los cuerpos que entraron en acción han resultado los muertos y heridos que a continuación se expresan:
Del Atacama Muertos 19 Heridos 52 Total 71 Del Buín Muertos 13 Heridos 30 Total 43 De Zapadores Muertos 24 Heridos 42 Total 180
Total Muertos 56 Heridos 124 Total 180
Oficiales Muertos: Subteniente don Desiderio Iglesias. Oficiales Heridos: Subteniente don Belisario Cordobés y don Domingo Arteaga N.
Batallón Atacama
Heridos: Capitán don José A Fraga y Subteniente don Remigio Barrientos.
Regimiento de Zapadores
Heridos: Sargento mayor don Manuel Villarroel, Teniente don Enrique del Canto y Subteniente don Froilán Guerrero.
Del enemigo han muerto aproximadamente 100 y 60 heridos. Prisioneros 20 individuos de tropa. También han sido tomados prisioneros el teniente coronel don Manuel Pareja y el teniente don Ricardo Valle, subteniente don José Escolier Vargas; bolivianos: teniente coronel don Manuel A. Saavedra y los capitanes don Adolfo Espinosa y don Gregorio Palacios, peruanos. En las pérdidas que hemos experimentado no están considerados los muertos y heridos de los tripulantes de las embarcaciones que conducían las tropas a tierra. US tendrá conocimiento de ellas por el parte que dé a US el Jefe de la Escuadra. Los señores Comandantes de cuerpos, en pocos días más pasarán al Estado Mayor la lista de los individuos que tomaron parte de este notable hecho de armas, las que pasaré a manos de US. En nota separada adjunto a US el parte original que ha pasado al que suscribe el teniente coronel don Diego Dublé Almeyda, Jefe de Estado Mayor de la 1º División compuesta de 2.300 hombres que al mando del coronel don Martiniano Urriola desembarcó en Junín el mismo día 2 e hizo la marcha por tierra hasta Pisagua con el fin de tomar la retaguardia del enemigo. Tomada la plaza hice una ligera visita a la ciudad. En ella existe una Maestranza del ferrocarril de Pisagua y Agua Santa, línea que tiene 50 millas de extensión. El material existente es de 5 locomotoras y gran número de carros de carga, carbón hay el necesario para el servicio de 3 meses, habiéndose consumido gran parte de este combustible a causa del incendio que produjeron los fuegos de los buques de la Escuadra. En la Estación del Ferrocarril y sus dependencias hay gran cantidad de salitre y un cargamento de 14.000 quintales en la fragata francesa Adoph de Burdeos que pertenece al Gobierno peruano y que conceptúo ha de ser embargado. La población está completamente destruida, parte por el bombardeo anterior y el resto por el del día 2. Al delegado de la Intendencia del Ejército se le ha ordenado formar los correspondientes inventarios de lo que se ha hallado en esta población, y al teniente coronel señor Víctor Pretot Freire (de Guardias Nacionales) se le ha ordenado la organización y arreglo de la línea férrea que desde el día 3 presta importantes servicios. Se han tomado además al enemigo 2 cañones Parrot de 100 con su montaje y útiles completos. 174 granadas para id. 223 saquetes id. 218 fusiles Chassepot. 79 fusiles Rémington. 17 fusiles diversos sistemas. 27.000 tiros a bala. Me acompañaron en esta operación el coronel graduado don Luis Arteaga, el capitán de navío graduado don Enrique Simpson y los ayudantes de Estado Mayor teniente coronel graduado don Evaristo Marín, sargento mayor don Fernando Lopetegui, capitanes don Francisco Pérez, don Francisco Villagrán, don Marcial Pinto, el subteniente agregado al Estado Mayor don Alberto Gándara, y el teniente coronel ayudante del señor General en Jefe don Joaquín Cortés. Muy importantes fueron los servicios prestados en la operación del desembarco por el teniente de marina don Policarpo Toro que dirigía la lancha a vapor del Cochrane. Dios guarde a US.
E. Sotomayor
Parte de Juan Martínez, Comandante del Atacama
"Comandancia del Batallón Atacama. Pisagua, Noviembre 3 de 1879.
Señor coronel:
De conformidad con lo dispuesto en la Orden General de 1º del actual, tengo el honor de dar cuenta a VS, a la ligera, de las operaciones militares efectuadas por el Batallón de mi mando, en el desembarco y toma de la plaza de Pisagua, que tuvo lugar el día de ayer. Poco después de las 8 AM del día indicado principió el desembarque de las Compañías, en el orden prevenido por VS, y sin accidente alguno de importancia hasta unos 100 metros de la playa en que se rompió un nutrido fuego de fusilería del enemigo que se encontraba parapetado en las rocas y zanjas. Nuestra tropa, contestando de los botes los disparos del enemigo y avanzando a la vez, llegó al lugar designado para el desembarque, el que se efectuó con bastantes dificultades, pues la tropa tuvo que bajar en su mayor parte con el agua hasta la cintura, dejando en los botes algunos muertos y heridos. Ya en tierra se trabó el combate con las tropas bolivianas atrincheradas en zanjas, peñascos, carros del Ferrocarril y en el camino férreo que tapa la pendiente del cerro, hasta desalojarlo de esas ventajosísimas posiciones, de donde hacían un vivísimo fuego. Empeñado el combate, nuestra tropa avanzaba trepando la elevada pendiente del cerro y recibiendo, como he dicho antes, una lluvia de balas enemigas lanzadas de sus distintos escondrijos. Después de 2 horas de tiroteo, durante las cuales los atacameños, acompañados de Zapadores y parte del Buín, correspondiendo los fuegos con punterías certeras, consiguieron desalojar al enemigo de sus atrincheramientos. Grupos de soldados acompañados de algunos oficiales, señores capitanes Vallejo y Vilche, subteniente Torreblanca y otros, dispersos en todas direcciones, llegaron al Alto de Pisagua, donde concluyeron por derrotar al enemigo que huyó en un tren, preparado de antemano. Debo consignar aquí que parte de la tropa de mi mando con algunos buines fue la primera en pisar los últimos atrincheramientos del enemigo. Es igualmente digno de mencionarse la resistencia que hicieron las 2 Compañías 1º y 3º que desembarcaron al principio junto con otra de Zapadores, recibiendo los fuegos contrarios durante media hora sin otro auxilio de tropa que la conque contaban. El valor de los señores oficiales y tropa del Atacama no necesita recomendarse, pues, VS testigo ocular de lo que dejo consignado, sabrá apreciar con toda justicia e imparcialidad la manera como los hijos de la Provincia de Atacama han defendido su Patria. Por la lista adjunta se impondrá VS de las bajas por muertos y heridos que ha tenido este cuerpo, previniendo a VS que en el desembarque se ahogaron 4 individuos más, cuyos nombres no se apuntan por ignorarse aún, a consecuencia de haberse dejado varada sobre una roca la lancha que los conducía; habiéndose perdido también todo el instrumental de la banda y un buen número de rifles que no puedo precisar en este momento. Especialmente, podría, señor, recomendar ante VS la conducta y valor de algunos oficiales e individuos de tropa que sobresalieron, pero como juzgo que solo han cumplido con su deber, me abstengo por ahora de hacerlo. Dios guarde a VS. J. Martínez.
Parte del General Buendía sobre el Asalto y Toma de Pisagua
Agua Santa, Noviembre 4 de 1879
Al Señor secretario General del Director Supremo de la Guerra Excelentísimo señor General Director:
Acompaño a vuestra señoría, para conocimiento del excelentísimo señor General Director Supremo de la guerra, la nota que me ha sido dirigida por el señor General don Pedro Villamil, Comandante General de la Segunda división del ejército de Bolivia; acompañándome el parte de su estado mayor y el que me ha sido pasado por el comandante militar de la plaza sobre el combate que ha tenido lugar en el puerto de Piragua el día 2 del corriente. Había llegado a aquel puerto la víspera de los sucesos que motivan esta nota, a efecto de inspeccionar personalmente las fuerzas a quienes estaba confiada su defensa; pero al amanecer del día siguiente, cuando no había dado principio a mi tarea, fui avisado de la presencia de la escuadra enemiga en aquel puerto, compuesta de veinte buques. Ordené inmediatamente las operaciones y medidas que se detallan en los parles adjuntos y comenzó el enemigo sus hostilidades a las seis y cinco a.m., siendo contestadas por los dos únicos cañones de a cien que se encontraban al Norte y otro al Sur de la bahía. Nuestros soldados soportaron los fuegos de la escuadra sin hacer un disparo como se les había ordenado, hasta el momento en que comenzó el desembarco y, con él, el fuego de nuestra infantería. Esta constaba de los batallones "Victoria" e "Independencia", cuyas plazas ascendían a 790 y algunos guardias nacionales del Perú que llegarían a 200. 990 hombres componían toda la resistencia y, asimismo, vimos retirarse al enemigo bajo el fuego de nuestra escasa fuerza. Reorganizose bajo la protección de la escuadra que aumentaba por momentos nuestras pérdidas y reparaba las propias ocurridas en las 44 lanchas de desembarque que habían intentado llegar a la costa; este segundo como el primer ataque, fue también rechazado con pérdidas no menos considerables. Pero el tercer ataque fue ya decisivo; el terreno que ocupaban nuestras fuerzas era desventajoso: no mide más de 200 metros entre el mar y el escarpado barranco que cierra aquel punto por el costado Este y cuyo camino sólo permite el tránsito de las fuerzas en desfile. Fue sobre aquel pedazo que la escuadra chilena hizo funcionar rapidez toda su artillería, sus ametralladoras y su fusilería, porque los buques se hallaban a tiro de revólver de la costa; una nube densa producida por el fuego enemigo, por el propio, y por el incendio que devoraba ya la población y millares de sacos de salitre, envolvía el teatro del combate en una atmósfera que nos ocultaba a los invasores en tanto que continuaban los tiros dirigidos desde el mar. Fue en esta situación, después de sufrir las bajas extraordinarias que resultan de los partes, después de siete horas de resistencia y de combate heroico, sostenido por las fuerzas del ejército boliviano y por los nacionales del Perú que acordamos con el señor general Villamil retirarnos con nuestras fuerzas, convencidos de que era inútil continuar la resistencia con 990 hombres contra 4,000 que habían ya desembarcado. Sin contar con las poderosas reservas que mantenían los buques, dispuestos siempre a reparar las pérdidas y sin tener artillería ni elemento alguno de los que nos oponía aquella numerosa escuadra. Hízose la retirada con toda la disciplina y el orden que se había mantenido en el combate. La conducta bizarra del señor general Villamil, de su jefe de estado mayor, de los jefes, oficiales y soldados del ejército boliviano, de los nacionales del Perú, del jefe militan del puerto y demás oficiales de nuestro ejército, ha sido altamente abnegada y es la misma abnegación y el general entusiasmo manifestado en el combate por las fuerzas aliadas, lo que me impide entrar en recomendaciones especiales, que tendrían que ser injustas o comprender a todos los que se han batido en mi presencia. La ocupación de Pisagua, por fuerzas enemigas, ha infamado en el corazón del soldado el deseo de la reparación y la venganza, las fuerzas aliadas sólo aspiran a nuevos combates, donde pueda brillar una vez más su decidido entusiasmo y su abnegado heroísmo. Grande es sin duda la diferencia del temple moral de nuestro ejército con el ejército chileno. Ha necesitado aunar su poder marítimo y terrestre, para batirse contra 500 hombres que mantuvieron el fuego durante siete horas y les hicieron retroceder dos veces: es nuestra fuerza moral, robustecida por la justicia de la causa que defiende la alianza, es el brío y la serenidad de nuestros soldados acreditadas ya en nuestros combates, lo que hace imputable la victoria y seguro el triunfo que en el primer encuentro sabremos arrancarle al enemigo. Dios guarde a vuestra señoría muchos años. JUAN BUENDIA Es copia, P. Cisneros y Rubín de Celis, Secretario.
Parte del Coronel Recabarren sobre el Asalto y Toma de Pisagua
R.P. Jefatura Militar y Política de la plaza de Pisagua
Agua Santa, 4 de noviembre de 1879 Al benemérito señor general en jefe del Ejercito del Sur Señor general en jefe:
En cumplimiento de mi deber paso a narrar en los términos más precisos y acordes con la verdad histórica, los sucesos que en conjunto componen la jornada que tuvo lugar el día 2 del presente, en el puerto de Pisagua. A las 5. h. a.m. de dicho día, el señor capitán de navío y de dicho puerto, me hizo notar la presencia de dos vapores que navegaban hacia él y venían del Norte. Suponiendo que fueran buques enemigos, sin pérdida de tiempo, puse esa circunstancia en el conocimiento de vuestra señoría quien desde la víspera se encontraba en la plaza. Transcurridos algunos minutos y con horizonte más despejado, quedó confirmada mi sospecha de ser buques de la escuadra chilena, alcanzando entonces el número de los que se divisaban, hasta diez y ocho, todo lo cual hizo notar a vuestra señoría al mismo tiempo que solicité sus órdenes para proceder conforme a ellas en todas las emergencias que resultaran de la presencia de la escuadra enemiga al frente de la plaza. Entonces, honrado con la absoluta confianza de vuestra señoría y siendo. las 6 h. a.m. Procedí a distribuir entre las dos piezas de artillería, colocadas unas al Norte y otra al Sur de la bahía, las fuerzas recién organizadas bajo mi mando, compuestas en su totalidad de doscientos cuarenticinco hombres, inclusos los cuarenticinco de la división boliviana, en todos los puntos de la playa por donde pudiera efectuarse fácilmente un desembarco, que era claramente el objeto que se proponía el enemigo. En esta actitud esperé que el enemigo tomara la iniciativa, para contestar sus fuegos, los que rompió a las 6:55 a.m. el blindado Lord Cochrane, inmediatamente secundado por cuatro corbetas de guerra cuyos nombres no puedo precisar, sobre el cañón del Sur los cuales fueron inmediatamente contestados por él; continuando este desigual combate en que Oca muy poca parte le cupo tomar al cañón del Norte, por razón de la distancia en que se encontraban hasta las 9 a.m. en que cesaron los fuegos por espacio de cincuenta minutos aproximadamente. - En este interregno el ene- migo se ocupó de trasbordar fuerzas de desembarco a cuarenta embarcaciones menores que al efecto tenían preparadas. Confluida esta operación comenzó de nuevo a hacer disparos de artillería dirigiéndolos a la parte no encendida de la población con el fin evidente de completar su destrucción a la vez que de proteger el desembarco de las tropas que ya se acercaban a las caletas y playas situadas entre las maestranzas del ferrocarril y los baños puntos que se encontraban guarnecidos por fuerza de policía y d e nacionales respectivamente, mandadas por el sargento mayor graduado D. Manuel Ceballos, el capitán D. Ignacio Suárez y el de igual clase de la guardia nacional D. José Vicente Rodríguez, los cuales opusieron a los proyectiles del enemigo tan tenaz y vigorosa resistencia que lograron rechazar- lo, colocando en condiciones de no poder renovar el combate en tierra, hasta no encontrarse apoyado por considerable número de tropas que habían sido desembarcadas en la playa de Huata, situada una milla más al Norte, trabándose entonces un recio combate que sostuvimos con buen contingente y sin perder nuestras posiciones por espacio de más de cuatro horas, a pesar de estar sufriendo al mismo tiempo un nutridísimo fuego que nos hacían de ametralladoras de los buques y los lanchas, así como la artillería de los primeros que no cesó de disparar por un solo instante. Desde poco después de principiado este segundo período, comenzaron a bajar sucesivamente varias compañías de las fuerzas bolivianas, situada en el Hospicio, tomando parte en el combate con caluroso entusiasmo y con notable arrojo. Como el enemigo pudiera disponer de numerosas fuerzas tuvo ocasión de renovar constantemente sus desembarcos y lograr la reunión de una masa de próximamente cuatro mil hombres con lo cual alcanzó a dominar algunas posiciones ventajosas que, duplicando su acción nos obligaron a cejar lentamente, aunque contándole muy caro cada paso que avanzaban. Ocurría esto a la 1 p.m. en que también noté que se retiraban los fuerzas bolivianas situadas en los cortes de la línea férrea circunstancia que me obligó a disponer la retirada de los que se batían en la playa efectuan dola el que suscribe media hora después y por la vía de Junín única que aún se encontraba expedita y que continué hasta dominar la pampa del Hospicio, de donde me dirigía a la estación de San Roberto, para reunirme con vuestra persona. Todas los fuerzas peruanas y bolivianas que bajo mi mando han tomado parte en este rudísimo combate se han mostrado dignas (las fuerzas) de la santa causa que defienden y por consiguiente de la suprema consideración de vuestra señoría, ante quien cumplo el deber de hacer la recomendación que unas y otras merecen. Siendo digno de especial mención la conducta observada por los señores coroneles de la guardia nacional, D. Nicanor González y D. Manuel Francisco Zavala a quien en los momentos comprometidos del combate, le ordené acudir a la estación con un grupo de diez hombres con quienes estaba en el cañón del Sur. Asimismo el capitán de navío y del puerto D. José Becerra que se mantuvo en su puesto al frente de una compañía de nacionales: el capitán de fragata D. Manuel Benavides, y muy particularmente, la del alférez D. Ignacio del Mar y del capitán de zapadores D. Pablo Arrice. La circunstancia de haber quedado la plaza en poder del enemigo, no me permite apreciar el número de bajas que ha sufrido tanto el enemigo como nuestras fuerzas, concretándome a participar a vuestra señoría la sensible muerte del teniente de artillería D. Luis Tamayo de la dotación del cañón del Sur y de la ignorada suerte o condición que les haya cabido al teniente coronel de artillería, D. Manuel Saavedra, al capitán de la misma arma D. Adolfo Espinoza que quedaron en la ambulancia, del coronel de la guardia nacional D. Manuel F. Zavala y del capitán de la misma D. José Vicente Rodríguez, ignorándose el paradero de todos ellos. Encuentro conveniente dejar consignado en este parte para el superior conocimiento de vuestra señoría que en la estación del ferrocarril quedó lista para salir a 5:30 a.m de ese día la máquina que debía subir, por haber abandonado su puesto el maquinista que la manejaba y por no haber tenido absolutamente con quien reemplazarlo. Las consecuencias del bombardeo han sido completar el incendio de la población, comprendiendo una existencia de cincuenta mil quintales de salitre, poco más o menos, y exceptuando la estación del ferrocarril los almacenes de la aduana y casi toda la casa de Outran y compañía Es cuanto tengo que participar a vuestra señoría. Dios guarde a vuestra señoría. ISAAC RECABARREN
Parte del General Pedro Villamil sobre el Asalto y Toma de Pisagua
Comandancia general de la segunda división boliviana. Agua Santa, noviembre 4 de 1879.
A su asesoría el señor general de división en jefe del Ejercito, Señor general.
Tengo el honor de elevar a su señoría el parte que me ha acompañado el jefe de estado mayor de la división de mi mando sobre el combate que ha tenido lugar en Pisagua, el día 2 del corriente. Las relaciones que se adjuntan con dicho parte impondrán a su señoría de las pérdidas que han tenido nuestras fuerzas en aquella acción de guerra tan desigual como gloriosa para nuestros soldados. Creo excusado agregar mayores detalles tratándose de un combate que ha sido presenciado y dirigido por su señoría desde su comienzo hasta el momento que acordamos ordenar la retirada, en vista del poder formidable que representaba toda la escuadra enemiga con el numeroso ejército y artillería que habían entrado en acción a la que solo pudimos oponerle nueve compañías de soldados. Hoy Señor General, la justicia forma causa común con la venganza, y una y otra quedaran satisfechas a favor del heroísmo de los ejércitos aliados que lo han acreditado una vez más en el Combate de Piragua. Dios Guarde a vuestra Señoría. S. G.
Pedro Villamil
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