La Guerra del Pacífico ; Los Héroes Olvidados             www.laguerradelpacifico.cl                                                                                                                             Por Mauricio Pelayo González
 







 

Partes de Guerra de la Batalla de Tarapacá

 

 

 

 

Parte del General Buendía

Al señor secretario general de s.e. el señor general supremo director de la guerra.

Tengo el honor de incluir a v.s. para conocimiento de s.e. el señor general supremo director de la guerra, el parte que me ha sido dirigido por el señor coronel jefe de e.m.g., acompañándome los que le han elevado los señores comandantes generales de división, con motivo del combate que ha tenido lugar el día de ayer en las alturas de Tarapacá.

 Los partes mencionados informarán a s.e. de todos los detalles y condiciones del combate, sostenido de nuestra parte sólo con infantería contra un enemigo superior en número y elementos, puesto que nos combatían con fuerzas de las tres armas.

En diez horas de rudo y encarnizado combate, todos aquellos poderosos elementos fueron destrozados por la intrepidez y denuedo de nuestros soldados; la infantería y la caballería, huyó en dispersión; la artillería quedó en nuestro poder, como también un estandarte, algunas banderas y numerosos prisioneros entre los que se encuentran jefes, oficiales tropa y vivanderas.

Fue la primera en ocupar las alturas así que se apercibió el enemigo la 2º división al mando del intrépido coronel comandante general don Andrés A. Cáceres; fue recibido con un fuego nutrido de artillería, pero el arrojo de    nuestros jefes y oficiales llevó a nuestros soldados hasta el pie de los enemigos que fueron tomados por una carga vigorosa a la bayoneta como consecuencia de tan ardoroso heroísmo deploramos en ésta división entre otras pérdidas la del señor coronel Manuel Suárez, primer jefe del   Batallón Dos de Mayo, y teniente coronel don Juan B. Zubiaga, segundo Jefe del batallón Zepita.

La división exploradora mandada por el señor coronel Bedoya, jefe del e.m. y g. general accidental de ella, tuvo también una parte eficasísima en el éxito alcanzado; el batallón provisional Lima Nº 3, al mando del teniente coronel don Ramón Zavala y una fracción del batallón lº. de Ayacucho dirigido por el teniente coronel Somocurcio acompañaron noblemente a la 2a. división en sus denodados esfuerzos.

Sentimos en esta división la pérdida del sargento mayor Escobar perteneciente al lº. de Ayacucho, que pereció en el combate, resultando también herido el teniente coronel Flucker, segundo jefe del Provisional de Lima Nº 3.

La tercera división al mando del señor coronel comandante general don   Francisco Bolognesi, tiene también gran parte en la victoria. su jefe que hasta el momento del combate se encontraba enfermo y postrado en cama olvidó sus padecimientos y marchó a la cabeza de su división acompañado del jefe de e.m. teniente coronel don Bruno Abril. El comportamiento de esta   división fue notable y el batallón Arequipa llegó hasta las filas de los enemigos para arrancar como trofeo el estandarte del batallón 2º de Línea.

La división compuesta de la Guardia Nacional había llegado la víspera del combate desde Iquique a Tarapacá mandada por el señor coronel coman-   ante general don Miguel Ríos y su jefe de e.m. coronel don Baltazar Velarde   la componen el batallón Iquique Nº 1, mandado por el coronel Ugarte, la columna de Navales por el teniente coronel Meléndez, la columna Loa por el coronel González Flor, la columna Tarapacá por el coronel Aduvire y la gendarmería de Iquique mandada por sus respectivos jefes.

Esta división sin reparar las fatigas de su penosa marcha subió a batirse con el mismo arrojo y decisión que el ejército de línea como lo demuestran las numerosas bajas de jefes, oficiales y tropa.

Resulta herido su comandante general el señor coronel Ríos que se mantuvo sin embargo en su puesto hasta recibir la 5a. herida; el señor coronel Ugarte con una herida en la cabeza se negó a retirarse del campo y continuó alentando a sus soldados, el teniente coronel Meléndez que recibió  lo en el costado derecho una herida de suma gravedad y el sargento mayor Perla de la columna Tarapacá, que pereció en el combate.

Las divisiones Vanguardia y la.se encontraban a distancia de 4 leguas en el punto denominado Pachica; pero al comienzo del combate les mandé orden de marchar al teatro de la acción y llegaron muy oportunamente. La 1a.

al mando accidental del coronel don Alejandro Herrera y la Vanguardia dirigida por su comandante general el señor coronel Dávila aquella compuesta del batallón 5º de línea, al mando de su jefe el coronel Fajardo y del batallón Nº 7 al de su 2do. jefe coronel Bustamante, tomó la izquierda d e la línea de batalla para destruir al enemigo que se encontraba en la quebrada; la Vanguardia compuesta del batallón Nº 6 mandado por el teniente coronel Chamorro y el Nº 8 por el teniente coronel Morales Bermúdez, tomó la derecha cayendo sobre el enemigo con tanta precisión y con movimientos tan acertados, que consumó la victoria.

La artillería a las órdenes de su comandante general coronel don Emilio Castañón, desprovista de su arma, se batió heroicamente como infantería, hasta el momento en que las propias piezas enemigas le sirvieron para hacer sus disparos sobre la caballería.

La decisión de los artilleros puede medirse por el número de bajas que acreditan los partes, de los que resultan que entre diez y seis jefes y oficiales, resultaron nueve heridos.  

El batallón 5 de línea mandado por el coronel Fajardo, en su movimiento sobre la izquierda, tomó la quebrada, destruyendo cuatro atrincheramientos, llegando hasta Huarasina, y trayendo 20 prisioneros y 18 heridos enemigos.

Difícil me sería describir los rasgos de abnegación y de heroísmo a cuyo favor se ha obtenido la victoria más completa y gloriosa sobre el enemigo; pero debo si recordar el valor, celo y previsión del señor coronel jefe de e.m.g. don Belisario Suárez como asimismo la conducta de los señores jefes y oficiales del e.m. y muy especialmente la del teniente coronel don Manuel M. Leguía que alternativamente acompañaba al señor coronel Suárez y al que suscribe.

El teniente coronel Recabarren, jefe de e.m.g. de la segunda división, fue herido en mi presencia, resistiéndose a abandonar el campo, y multiplicando sus esfuerzos para continuar en él los eminentes servicios que ha prestado durante la campaña.

El coronel don Juan González que había quedado en Pozo Almonte a causa de la misma enfermedad que le impidió dirigir su regimiento el día 19, llegó convaleciente a Tarapacá, la víspera del combate; iniciado este, hizo el esfuerzo de montar a caballo y se dirigió sobre el enemigo, donde recibió una herida doblemente grave por el estado desfalleciente de su salud.

Durante la acción comisioné a mi ayudante, sargento mayor don Emilio Coronado para trasladarse a Pachica y hacer regresar las divisiones Van- guardia y la. que habían marchado a dicho punto el día anterior; posteriormente el señor coronel jefe de e.m.g. ignorando esta disposición envió a mi otro ayudante capitán don Lorenzo Malarín con el mismo objeto, llenando ambos cumplidamente su comisión.

En el momento de la batalla, encontrando sin jefe la mitad de un batallón de Guardia Nacionales, coloqué a su frente a mi primer ayudante teniente coronel don Roque Saénz Peña, quien lo condujo a la pelea con la más valerosa decisión.

Me quedaron, pues, como ayudantes, los tenientes don Lorenzo Velázquez y don Luis Darcoutt, quienes impartieron cumplidamente las órdenes que les trasmití; acomodándome también el valiente escritor don Benito Nieto, quien me prestó muy útiles servicios.

Tales son los movimientos y las maniobras militares ejecutadas por el ejército de mi mando sobre el terreno que se describe en el parte del e.m.g. como también los rasgos culminantes de muchos jefes, oficiales y tropa que he querido hacer constar, siquiera sea concisamente porque se- ría   in acabable el detalle de todos los rasgos de heroísmo.

Al principio del combate éramos escasamente 3,000 hombres de infantería batiéndonos contra una fuerza de 5,000 dotada de las tres armas y provista de todos los elementos de guerra, porque no solamente éramos inferiores en el número y nos faltaba caballería y artillería, sino que nuestros mismos infantes se encontraron sin municiones en un momento dado teniendo que recoger los rifles y cápsulas de los muertos, heridos y dispersos enemigos.

En estas condiciones hemos alcanzado la victoria, poniendo al enemigo en vergonzosa fuga; pudiendo asegurarse que si hubiéramos contado con fuerzas de caballería, no hubiera escapado ese ejército disperso, y fatigado por un día entero de pelea.

Sírvase u.s. hacer presente a s.e. los sentimientos de satisfacción y regocijo con que este ejército ha saludado la victoria. Nuestras armas vence- doras han comenzado la reparación que nos debe Chile por sus injustas agresiones; el triunfo acompaña a la justicia y el honor militar a nuestro ejército. Dios guarde a u.s.

 Juan Buendía

Parte del Coronel Andrés Cáceres

Republica Peruana

Comandancia general de la segunda división

Pachica, noviembre 28 de 1879 Benemérito

señor coronel, jefe de estado mayor general del ejército del Cumpliendo con mi deber y en el doble carácter de comandante general de la segunda división y primer jefe del batallón Zepita Nº 2, paso a dar cuenta a ud. de   los acontecimientos precedentes a nuestro feliz resultado final del día de ayer, de una manera tan circunstanciada como lo permite la memoria de un encuentro de tan grandes emociones y de tanta duración, como el que paso a relatar.

A las 8 h. 30 m. a.m. del día de ayer, y según instrucciones de ud.,

hice desfilar mi batallón sobre el enemigo que ocupaba las alturas de la población, disponiendo que el segundo jefe comandante Zubiaga, con dos compañías,     tomara el camino de la derecha; el tercer jefe mayor Figueroa, al mando de otras compañías, marchara por el camino de la izquierda, y el cuarto jefe mayor Arguedas desfilara con las dos restantes compañías por la falta del centro.

Siguiendo este orden llegaron a la cima del cerro que presentaba la extensión de una pampa ocupada en sus diferentes puntos por el enemigo, que con sus fuegos de artillería e infantería procuraba impedir el ascenso de m i tropa.

Empeñado así el combate, resultó en el primer encuentro muerto el comandante Zubiaga y mortalmente herido el sargento mayor Figueroa.

Replegándose el enemigo en retirada, penetramos las primeras posesiones encontrando en el campo cuatro cañones. El 2 de Mayo que llegaba por la izquierda, conducido por el jefe de estado mayor de la división, atacó al enemigo, reuniendo dos cañones más que este cuerpo había tomado en el campo provisto de abundante parque y el equipo allí abandonado. Reunido el 2 de Mayo el jefe de estado mayor de la división me dio parte de haber   muerto heroica y entusiastamente el primer jefe del regimiento coronel don Manuel Suárez.

La división ya unida siguió avanzando sobre el enemigo que sin dejar de hacer nutrido fuego iba cediendo el campo.

A las 11 a.m. salió herido del lugar el comandante Recabarren obligado a retirarse para su curación.

Reforzado el enemigo y agotándose las municiones llegó un momento   dudoso para la suerte de nuestras   armas por presentarse al mismo tiempo   y a mi derecha caballería enemiga con dos columnas de infantería. Logrando reorganizar la división y proveyéndose de las armas y pertrechos enemigos, emprendí otro ataque consiguiendo hacerlo retroceder hasta gran distancia. En este empuje estuve acompañado por el coronel Ugarte de la Guardia   nacional de Iquique y comandante Meléndez de la columna Naval de Iquique, ambos a la cabeza de su fuerza;   y obstante resultar herido en a parte superior del cráneo el coronel Ugarte continuó en el campo hasta los últimos momentos Avanzando sobre el enemigo hasta la distancia de una legua se empeñó otro reñido choque y presentándose en ese momento ud., hícele saber la escasez de las municiones y lo diezmada que se encontraba la tropa; por cuyo motivo regresó ud. pocos momentos después acompañado con fuerzas del batallón Ayacucho y Provincial de Lima y del Arequipa. Con este considerable refuerzo se logró poner en dispensión   las columnas enemigas.

Avanzando sobre ellas tomé posesión de sus dos últimos cañones acompañándome en esos momentos el comandante Somocurcio del lº. Ayacucho, comandante Zavala del Provisional de Lima y el teniente Moor de Arequipa, que al frente de una guerrilla daba ejemplos de entusiasmo y valor.

El comandante Recabarren, una vez que le hicieron la primera cura volvió al lugar del combate presentándoseme y acompañándome hasta el término de la acción.

Con los últimos cañones tomados, el mayor Carrera de la artillería trabajó hasta lograr ponerlos en condición de hacer fuego, y efectivamente logró hacer varios disparos sobre los dispersos enemigos.

A las 4.30 p.m. abandonando los enemigos sus últimas posesiones y estando presente ud., llegó la división Vanguardia formada en batalla y quedándole solo tiempo para hacer dos descargas cerradas que completaron el éxito de nuestros esfuerzos, cesando todo el fuego a las 5 y 10 p.m.

En el combate de ayer queda evidenciado una vez más que el enemigo no puede sostener encuentros en terreno llano y sí solo presenta batalla cuando la superioridad del número los alienta y el terreno les permite parapetarse.

La falta que nos ha hecho la caballería, habrá sido notada por ud. en muy diferentes momentos, y no puede menos que ser lamentada, pues aun sin ella se ha logrado reunir considerable número de prisioneros.

El sello de gloria que a nuestras armas toca por la jornada de ayer se debe mucho a las activas y acertadas medidas de ud. en los momentos más críticos y complicados.   La evitación y entusiasmo de nuestras tropas patentiza la justicia de tantas glorias adquiridas, y la victoria de ayer en tan desproporcionadas condiciones respecto del enemigo, rescatan el prestigio de nuestras armas.

Haré presente a ud., que el ayudante de la comandancia general capitán don Luis Chacón, me acompañó con entusiasmo y celo desde el principio del combate. Del mismo modo el teniente don Joaquín Castellanos ha desempeñado comisiones de importancia y riesgo, sirviéndome de ayudante y acomodándome hasta que le mataron el caballo.

Igualmente los estudiantes universitarios subtenientes don José Torres   Paz y don Eduardo Leca, se han distinguido en su comportamiento. Estos caballeros con todo el ardor y abnegación inherentes a su edad y condiciones especiales, se han puesto a la altura de la alta misión que se les confiara, habiéndome servido de ayudantes durante todo el tiempo del combate y desempeñando variadas y peligrosas comisiones. El primero fue honrosamente herido. El subteniente Bedoya de la misma comisión, ha cumplido asimismo con su deber.

Recomendaré a ud. para que a su vez lo haga al director de la guerra el digno y elevado comportamiento de todos los señores jefes y oficiales e individuos de tropa que han servido bajo mis órdenes.

Concluiré señor jefe de estado mayor general, acompañando la razón que me pasa el jefe de estado mayor de la división, de los jefes y oficiales muertos y heridos en el campo de batalla.

Aún no se puede apreciar las bajas en la tropa por la premura del tiempo; reservándome   hacerlo en su oportunidad; pero solo puedo asegurar   a ud. que el número de   muertos y heridos es considerable.

  Dios  guarde a usted.

Andrés A. Cáceres

 

Parte del Coronel Belisario Suárez

Estado mayor general del ejército del Sur.

Tarapacá noviembre 27 de 1879.

Benemérito señor general de división y en jefe del ejército:

séame permitido antes de describir la batalla que con tanta honra nuestra ha cambiado  lado la situación, hacer notar a u.s. que la sola ascensión hasta el nivel de los baluartes contrarios es por si misma un triunfo, porque la ciudad que nos servía de cuartel general está por todas partes dominada y solo a fuerza de un espíritu superior a nuestra fatiga y a merced del aturdimiento del enemigo que nos supone desconcertados y nos encontró poseídos del más ferviente entusiasmo, ha podido realizarse esa subida a luz del día y al través de dificultades que daban toda la ventaja a los enemigos que contaban por suyo el campamento.

Teníamos que escalar un escarpado cerro; para conseguirlo necesitábamos entregarnos indefensos a tiro de los contrarios, y esto se hizo con la serenidad de los valientes.

Llegados a la altura, la 2a. división emprendió uno de esos ataques que todo arrollan y que tienen en su impetuosidad y arrojo la mejor garantía de éxito.

Zepita tomó cuatro de los cañones enemigos, con sus municiones mientras, digno émulo de su decisión y de su gloria, llevaba en trofeo el regimiento Dos de Mayo los dos que se encontraban a su frente. Estaba   cumplida en los primeros momentos del combate una de las más notables proezas de la infantería, y fue entonces cuando brilló el valor y cuando se revelaron en todo su mérito la perseverancia y talentos militares del comandante general de la 2a. división señor coronel don Andrés Avelino Cáceres, que tuvo el acierto, tan raro en el arte, de saber utilizar la victoria sin dejarse arrastrar ciegamente por ella; sin preocuparse sólo del triunfo d e nuestras armas, el coronel Cáceres moderó el ardor de sus soldados organizó el mismo entusiasmo, y no pedía sino fuerzas que recordaran su plan admirablemente combinado y que redujo a la impotencia a los contrarios.

En esta jornada admirable sucumbió heroicamente el señor coronel primer jefe del regimiento Dos de Mayo don Manuel Suárez y se diezmó la oficialidad de los cuerpos que llevaron a cabo ese esfuerzo que aseguró la victoria a simples columnas de infantes, contra un verdadero ejército cuidadosamente dispuesto y pertrechado con todos los recursos de las tres armas. Este cuadro de la acción es el más sublime de ella ese triunfo que hi zo fáciles los posteriores, que casi obligó al heroísmo al resto de nuestras tropas; merece tenerse en cuenta, Porque llevados por mi concurrieron al lugar donde se decidía así la suerte de dos naciones el batallón Iquique Nº 1, cuyo valiente jefe el señor coronel Ugarte fue herido a bala en la cabeza y continuo no obstante alentando a su tropa con el ejemplo confirmado por su sangre, y la columna Naval que debía poner pocos momentos más tarde el sello de heroísmo sobre la sangre de su primer jefe el comandante Meléndez y el sacrificio de gran parte de su distinguida oficialidad.

La 3a división del ejército sino se hizo como la anterior centro de las operaciones, porque no se lo permitió su puesto en la línea escribió su nombre en la historia de esta jornada, de tal suerte, que están en su poder un estandarte enemigo, el del 2º de Línea tomado por el guardia de Arequipa Mariano Santos. Muchos de los prisioneros probaron el denuedo de la lucha y la generosidad después de la victoria. El señor comandante general coronel don Francisco Bolognesi estuvo a la altura de esos soldados que caracterizan a aquellos cuya presencia en las filas enemigas hacían rendir banderas, y el batallón Guardias de Arequipa, por sus certeras punterías por su orden y serenidad.

La 5a. División constaba de cuerpos de la guardia nacional del departamento de la columna Loa, compuesta de ciudadanos bolivianos; había llegado a víspera al campamento después de una penosísima jornada y su valiente comandante general el sr. coronel d. José M. Ríos que abandonó   Iquique solo por obediencia, sonrió al peligro y se precipitó en él con un júbilo, del que participaron sus fuerzas materiales después de la quinta herida , pero dejando su espíritu en todos sus subordinados.

Los cuadros que esos cuerpos forman recuerdan la época de la lucha antigua; y el enemigo privado de su artillería por Zepita y Dos de Mayo lo fue e su caballería por los nacionales de Iquique y los representantes del honor boliviano.

La artillería sin cañones peleó con sus armas menores hasta hacer excepcional en sus filas y en su oficialidad la fortuna de salir ileso y se dio tiempo para ofender al enemigo con sus propios cañones dirigidos por el sargento mayor graduado Carrera.

La división de Exploración acudió a todos los lugares del peligro, desalojó a los enemigos parapetados en lugares casi innaccesibles y confirmó la brillante reputación de su comandante general interino el señor coronel Bedoya.   

Cuando en toda la línea se rechazaba a la fuerzo chilena, a pesar de sus posiciones y de su tenacidad en 9 horas de combate, se presentaron en el tras alto por el camino de Pachica donde se encontraban de estación, las divisiones Vanguardia y 1a. del ejército. Su sola presencia completó la dispersión de los contrarios no sin que antes tuviera la segunda ocasión de tomar a vivo fuego en la lucha indescriptible otras de las posiciones alevosas de la fuerza chilena y de distinguirse la primera por la activada y ejemplar serenidad con que su comandante general el señor coronel Dávila la condujo armas a discreción sufriendo impasible el fuego del enemigo hasta dominarlo, con sólo su resuelta y táctica actitud. El coronel don Juan González

El primer jefe del regimiento Guías que desde días anteriores se encontraba gravemente enfermo, se presentó en Tarapacá la víspera del combate y haciendo en el honor a su justa reputación, cayó en la fila enemiga tan gravemente herido que es casi imposible conservar su existencia El teniente coronel don Isaac Recabarren; el defensor de Pisagua que había vuelto a ocupar su puesto de jefe de estado mayor de la 2a. División, después de multiplicarse en todas partes, de llevar personalmente los cuerpos de esa división a los puestos preferentes de la lucha, fue herido en la mano sin que nada pudiera obligarle a dejar el campo de batalla, en el cual, al lado de u.s. al mío y en todos los que le señalaban el honor y el riesgo, fue hasta el fin modelo de soldados y patriotas.

Interminable sería este oficio si mencionara uno a uno los nombres de todos los que se han distinguido en esta batalla, que ofreció a nuestro deseo la errada presunción de los invasores; las listas de muertos y heridos tienen mayor elocuencia que cuanto pudiera darle el parte más minucioso; ellas revelan que el puesto del peligro fue el único disputado por los jefes.

Orgullo y dolor inspira ese cuadro de heroísmo que u.s. y el Perú apreciarán debidamente.

El enemigo ocupaba al principiar la acción un campamento de casi una legua entre el Alto de la cuesta de Arica y el de Visagras y al concluir había retrocedido hasta el cerro de Minta, dos leguas más allá de sus atrincheramientos.

Los chilenos han combatido siempre a favor de sus parapetos construídos expresamente, e improvisados entre las casas y tras de los matorrales que presenta el bosque.

Cuatro cañones Krupp, cuatro obuses, un estandarte y varias banderas, prisioneros fuera del sin número que hemos abandonado a los auxilios de las ambulancias, entre ellos una de las cantineras, dan testimonio de esta victoria superior a las esperanzas que racionalmente podía ofrecer una sola arma puesta a prueba por las tres perfectamente organizadas.

Nuestras tropas han hecho en este día uso de la munición y de las armas tomadas al enemigo sobre su propio campo, y ha habido momento en que trabada la lucha cuerpo a cuerpo señala la victoria la superioridad personal de nuestros soldados.

Remito a u.s. las relaciones de nuestros heridos y prisioneros; le felicito por la ejemplar conducta de que ha sido testigo y admirador el ejército, y le ruego ponga este oficio y sus anexos en conocimiento de s.e. el señor general director supremo de la guerra para satisfacción del país y honra de sus armas.

Dios guarde a usted señor benemérito señor general.

Belisario Suárez