La Guerra del Pacífico ; Los Héroes Olvidados             www.laguerradelpacifico.cl                                                                                                                             Por Mauricio Pelayo González
 







 

Combate de Pachía

Campañas Terrestres de la Guerra del Pacífico

 

 

 

 

 

Cuando las fuerzas chilenas abandonaban la capital peruana, dejando constituido el gobierno del General Miguel Iglesias, en Tacna se mantenía una pequeña guarnición compuesta por hombres de los batallones Ángeles, Rengo, Santiago y algunos piquetes de los Escuadrones General Cruz y General Las Heras.

Aún vagaba por esos lugares un guerrillero fantasma, conocido como Pacheco Céspedes, de nacionalidad cubana y que hizo como propia la cruzada peruana. Hombre conocedor de cada rincón del desierto y que era constante dolor de cabeza para las guarniciones chilenas, que jamás daban con su paradero.

El guerrillero cubano aún tenía otra sorpresa preparada. Moviéndose silenciosamente, se lanza al ataque del retén chileno ubicado en Pachía, cayendo sobre el al amanecer seguido por 400 hombres entre infantería y caballería. El lugar era solo defendido por 143 soldados del batallón Ángeles, al mando del teniente Matías López y 10 hombres del Escuadrón Las Heras, este último comandado por el Alférez Stangue.

El primero en caer fue el centinela chileno, que no alcanzó a percatarse del peligro que venía, dicha descarga dio la alarma a sus compañeros, los cuales no estaban preparados para dicho ataque. Estaban rodeados. Disparaban sin descanso sobre los chilenos descubiertos y sorprendidos, lo que provocó una acción desespera y suicida por parte del Escuadrón chileno.

El teniente López ordena al Alférez Stangue cargar sobre el enemigo, para así lograr ventajas, o por lo menos un respiro. Stangue con sus hombres cargó sobre el muro de enemigos convencidos de que era el fin, y aunque deshicieron la táctica enemiga provocando su huída en desbandada, el precio fue muy alto para el Escuadrón chileno. Acribillados y muertos, yacían el alférez y varios de sus hombres.

Pacheco Céspedes, una vez más había escapado.